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arco—íris de Espuma: el pez—almizcle

“arco—íris de Espuma: el pez—almizcle”  © J. Bengoetxea 2012

Bajamar en la ensenada de los peces—pájaro

Bajamar en la ensenada de los peces—pájaro” © J. Bengoetxea 2012

Existe una suerte de alquimia en fotografía que hace que la forma, a veces, sorprendentemente, se presente arrebatada de lo casual relatando por sí misma una “microhistoria”. Esto siempre suscita la sospecha sobre la construcción de la mirada.

Parece errático y poco razonable intuir que la mirada (fotográfica) no es tanto una actitud consciente, como la consecuencia de un proceso que nunca es voluntario cuando “pincha”, cuando “punza” (Barthes), sino que ocurre un momento antes de sernos “revelado”. Sin duda, un secreto que nos elige de algún modo, y del que nunca somos actores, sino espectadores casuales.

Los fotógrafos son oficiantes, no creadores. Los secretos —tan escasos siempre— les traspasan, no les pertenecen.

La Trama: “imagen latente”

¿No dice acaso Joan Fontcuberta que fotografiar es “mentir bien”?…pues supongo que es cierto, pero no deja de ser una pregunta mas a la que se le puede dar forma de respuesta anticipando el momento del proceso (fotográfico) desde el que uno se pregunte.

Yo lo que me pregunto es si hay fotógrafos sinceros y si es posible hablar de “sinceridad fotográfica”…en todo caso no seré yo el que anticipe ninguna respuesta.

Pero no me parece un mal pretexto trabajar sobre ese supuesto con una cámara en la mano. Mentira y verdad aparte.

Tengo la dubitativa —y necesaria— impresión de que, en fotografía, la “verdad-mentira” no es otra cosa que una “materia” mas con la que la fotografía trabaja. En la misma categoría que la luz, la forma o el cuadro.

Quizá —y solo quizá— haya preguntas sinceras, ¿pero respuestas verdaderas…? Ante la duda, prefiero la pregunta.

En fotografía analógica, química, o como dios quiera llamar a aquella otra manera de fotografiar, había un concepto que se ha diluído en esta opaca y exitosa sopa de técnica que parece engullirnos: era la IMAGEN LATENTE, lo invisible, lo que aún no se ha REVELADO pero está EXPUESTO a la luz. 
La “verdad-mentira” de la fotografía, si entendemos La Fotografía como un Proceso, queda atrapada siempre en ese estadío donde nada se ha declarado aún, donde la incertidumbre de la pregunta es la verdadera materia…

La Fotografía no es una religión, ni una política. Es, si acaso, un hallazgo imposible de compartir.

La fotografía: jugando en el patio trasero

Un niño cuando juega suele reclamar nuestra mirada: ¡¡…mira, mira cómo lo hago!!, (…aita)

Fotografiar es regalar la mirada sin tener la certeza.

Un niño confía en recibir la mirada del otro para saber que está haciendo algo realmente; fotografiar es lo mismo, pero al contrario: es mirar para combatir la incertidumbre de la mirada —no— devuelta.

Fotografiar es mirar con la esperanza de “alcanzar el ser visto”. Así, la mirada, trasmuta en espejo.

Mirar, fotografiar, es activar el deseo ante una historia que parece comenzar sin límites. Como los juegos en los patios traseros…

“Jugando en el patio trasero” © J. Bengoetxea 2017

Una fotografía: el secuestro de Alicia

Una fotografía desata, ineludiblemente, una narrativa. No porque una fotografía narre, sino por todo lo contrario. Algunas fotografías ponen especialmente de manifiesto esta particularidad esencial.

¿Qué ocurre?, ¿qué es…? Ninguna fotografía contesta a esas preguntas si nadie se arroga el papel del interprete, del chamán, o del mago en realidad. Una fotografía no contesta a ninguna pregunta…Tampoco contesta a cómo es. Mucho menos responde a cuándo ocurre.

Una fotografía es interesante porque solamente nos asiste la forma cuando estas preguntas surgen. Disponer únicamente de la forma como respuesta y cómo pregunta, es el gran valor del hecho fotográfico: es la ILUSIÓN de retener la forma dentro de un tiempo que estalla en todas direcciones.

Como meter la mano dentro de un espejo y secuestrar la imagen del pasado —de la memoria del cuento de Alicia— para colocarla en mil y un futuros.

La conjugación del verbo de la fotografía parece ser el futuro anterior. “El fotógrafo vive el presente de su experiencia como el pasado de un futuro. Esto no es, habrá sido” Jean-François Chevrier, 1982

La fotografía, en este sentido, renueva la realidad…La fotografía es, por tanto —…o pudiera ser—, subversiva.

 

Proceso fotográfico: la idea como “principio”

El estado de cosas en fotografía actualmente es tan, tan enloquecido…En China, para desear lo peor a tu enemigo suelen decir “ojalá te toque vivir tiempos interesantes”

La confusión es tal que no solo NO nos alejamos de la dictadura falaz impuesta por la saturación de imágenes, sino que estamos a menos de un paso de invertir uno de los paradigmas claves en la historia: antes cualquier historia contada era, por definición, falaz, parcial, tendenciosa, interesada; ahora cualquier historia es “posiblemente cierta”, solo es necesario rodearla del número suficiente de imágenes.

El hecho humano ha sabido realizarse en medio de mil mentiras desde siempre pero, ahora, la mentira ha dejado de existir engullida por la peor falacia: la saturación, la abundancia.

En el mundillo del arte fotográfico es común encontrar pautas que proponen investigar una idea, una verdad interior o cualquier otro constructo del pensamiento a través del proceso fotográfico. ¡No he visto jamás intención mas torticera!
Es mucho mas inquietante pensar que una idea pueda tomar cuerpo en un conjunto de imágenes que cualquier otra falsedad instrumentalizada en el uso interesado de este medio.

El arte fotográfico —al menos cierto tipo de corrientes— han invertido el proceso. Y el proceso es lo único verdadero en fotografía. Y ese proceso puede desembocar en una idea, en una historia…en muchas historias.
Hacer lo contrario, y tratar de someter el proceso a una idea, a una verdad inicial, es poner la fotografía al servicio de la mentira…ni más ni menos.

En ciencia quizá el obturador sea la hipótesis; en marketing una idea busca una imagen (muchas imágenes) que hagan que una historia sea verosímil; en fotografía, el obturador pone inicio al proceso, lo activa…SOLAMENTE.

Quizá “el arte” —lo que el mercado hace visible del arte— haya asumido ciertamente en este momento la vanguardia del marketing disfrazado, en ocasiones, de ciencia.

Fotografía de arquitectura: “tirarse a la piscina”

Una fotografía puede documentar una obra de arquitectura, sin duda. ¿Pero ese es el mayor valor que puede alcanzar la obra al pasar por el tamiz de las lentes?. Claro que no…

La arquitectura dialoga a sus anchas con la fotografía, son “tal para cual”. Pero la buena fotografía no es la que trabaja al servicio del “objeto”, sino la que “lo destruye y lo reemplaza”.

Una propuesta así pone al cliente en un serio aprieto. Cree que perderá su obra, y él, quiere que su obra permanezca para siempre.

¿Cómo se explica a un cliente, a un arquitecto, a un constructor, que su obra debe ser engullida por la fotografía si quiere que permanezca?. Y que el precio de la permanencia es la pérdida del rastro de realidad inmanente al acto fotográfico. No es fácil…

Pero es mas difícil ver cómo se derrumban obras estupendas en manos de clientes o fotógrafos que no han sido convencidos aún: vuestra obra no la verá nadie en realidad, o no la verá nadie cuya mirada haga vuestro trabajo relevante, presente.

Si “sacrificas la obra” haciendo un reportaje, deja que ese sea un reportaje en el que hable la propia fotografía, —esa idea inconclusa, dinámica, activa— y la RE_presente.

Un reportaje de arquitectura no es la instantánea de una obra acabada y presente. Es una obra viva que vibra en los ojos gracias a la intención de la cámara y a su juego con ella.

La obra deja de ser “la cosa” para que la fotografía sea el objeto, y su charla “tenga por objeto” la captura de la mirada del otro: no se captura el referente, se captura la mirada de quien ve la fotografía. Que es otra “cosa”…

Dejemos que el objeto de la fotografía sea la propia fotografía y no la evocación onírica, fantaseada del referente.

Primera fotografía: Vivienda unifamiliar en “L” en La Bilbaína. Arquitectura de “Foraster Arquitectos”. Constructora, “Decons
Segunda fotografía: Centro Niemeyer en Avilés.

 

“La Guerra de los Mundos”

“La Guerra de los Mundos” © J. Bengoetxea 2017

Era ayer, casi al atardecer. Pasear por Bilbao quizá se haya convertido en un quehacer alucinógeno que puede llegar a activar zonas de la corteza prefrontal que solo las “plantas de poder” saben alcanzar, estados alterados de conciencia seguramente…

Una gran masa de cristal en forma de monolito piramidal se cernía sobre la capital a la altura de Abandoibarra, un poco mas arriba. La estructura, plagada de lucecitas interiores y con aspecto de carecer de tripulantes, aplastaba literalmente las casas…y absorbía su luz produciendo un gran apagón en la zona. No parecía emitir rayos de calor ni gases venenosos. Concentraba en su interior toda la energía disponible a su alcance, LA HACÍA SUYA…o eso quiso pensar mi turbada conciencia. Luego me adentré en su interior por una enorme pasarela acristalada de proporciones desconocidas para mí. Había entrado ya muchas veces, pero jamás en ese estado de conciencia. Tiempo después me vi de nuevo andando debajo de las columnas del Zubiarte. Todo parecía haber vuelto a la normalidad y mi reloj se había detenido mas de dos horas quizá. No tengo conciencia ni recuerdo alguno del tiempo que estuve en su interior.

Recordé, parado en un semáforo, la historia que Orson Welles contó en la radio a los americanos el 30 de octubre de 1938 y, aún perturbado seguramente, quise pensar que aquel programa de radio continuaba emitiéndose en el mismo centro de Bilbao casi ochenta años después.

¡ Es la Guerra de los Mundos !

 

mar antigua

“mar antigua” © J. Bengoetxea 2016

[…]Los remos de Argos, la primera nave. 
las pisadas de arena que la ola 
soñolienta y fatal borra en la playa […]
Jorge Luis Borges / “Cosas”

B488, Olatua

“B488, Olatua” © J. Bengoetxea 2016