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El suceso

elsuceso

“El suceso” © J. Bengoetxea

 

No podíamos entender porque nos hallábamos muy lejos, y no podíamos recordar porque viajábamos en la noche de los primeros tiempos, de esas épocas ya desaparecidas, que dejan con dificultades alguna huella… pero ningún recuerdo. “La tierra no parecía la tierra. Nos hemos acostumbrado a verla bajo la imagen encadenada de un monstruo conquistado, pero allí… allí podía vérsela como algo monstruoso y libre. Era algo no terrenal y los hombres eran… No, no se podía decir inhumanos. Era algo peor, sabéis, esa sospecha de que no fueran inhumanos. La idea surgía lentamente en uno. Aullaban, saltaban, se colgaban de las lianas, hacían muecas horribles, pero lo que en verdad producía estremecimiento era la idea de su humanidad, igual que la de uno, la idea del remoto parentesco con aquellos seres salvajes, apasionados y tumultuosos. Feo, ¿no? Sí, era algo bastante feo. Pero si uno era lo suficientemente hombre debía admitir precisamente en su interior una débil traza de respuesta a la terrible franqueza de aquel estruendo, una tibia sospecha de que aquello tenía un sentido en el que uno (uno, tan distante de la noche de los primeros tiempos) podía participar. ¿Por qué no? La mente del hombre es capaz de todo, porque todo está en ella, tanto el pasado como el futuro. ¿Qué había allí, después de todo? Alegría, miedo, tristeza, devoción, valor, cólera… ¿Quién podía saberlo?… Pero había una verdad, una verdad desnuda de la capa del tiempo. Dejemos que los estúpidos tiemblen y se estremezcan… El que es hombre sabe y puede mirar aquello sin pestañear. Pero tiene que ser por lo menos tan hombre como los que había en la orilla. Debe confrontar esa verdad con su propia y verdadera esencia”

“El corazón de las tinieblas” Józef Teodor Konrad 

 

De Joseph Conrad (author) – Houghton Library, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=36623775

La ventana. La espera

“La ventana. La espera” © J. Bengoetxea 2020

espero

“espero” © J. Bengoetxea 2020

Desde un tiempo suspendido…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Pablo Neruda / Los versos del capitán
(captura)

 

En la mar: Ni esperanza empuja Ni memoria sujeta

“En la mar:  Ni esperanza empuja Ni memoria sujeta” © J. Bengoetxea 2020

Algo parecido dijo Pedro Salinas …y me lo “apropio” aquí para ponerlo en la mar, fotografías de la mar.

Luz en la Ventana

“Luz en la Ventana” © J. Bengoetxea 2020

Navegar sin derrotero. Vela blanca, vela negra: “el cuarto de derrota”

“Navegar sin derrotero. Vela blanca, vela negra: el cuarto de derrota” © J. Bengoetxea 2020

Wikipedia: Un derrotero es una publicación náutica específica. Consiste en una obra escrita e ilustrada, que describe las costas, bajofondos, señalizaciones (boyas, faros, balizas, etc.), perfiles visuales de las costas, peligros, formas de navegación convenientes, puertos y terminales, etc., para información – indispensable – del navegante. Hay que tener en cuenta que el navegante tiene frecuentemente como destino lugares adonde nunca ha ido […] 

[…]se guardan en el Cuarto de Derrota

Numenbeach. La línea

“Numenbeach. La línea” © J. Bengoetxea 2019

Las postales del miedo

Las postales del miedo © J. Bengoetxea 2019

Pero quedaban muchas postales sin enviar. “Las postales del miedo”: así las llamó el veneciano.

Ese tipo de postales que uno escribe sin pensar en destinatario concreto; esas postales que uno teme que no serían entendidas. Quizá ni siquiera uno mismo logra entenderlas del todo. Son postales que se guardan, que no se rompen. No se tiran. Postales que si algún día aparecen de nuevo en el fondo de un cajón, nos hacen fruncir el ceño con extrañeza, como si las viésemos por primera vez. Y es entonces cuando no necesitas ya pensar porqué no llegaste a enviárselas a nadie: 

¡Nadie las esperaba! Fue por eso. 

Ya no importa…

 

Numenbeach

“Numenbeach” © J. Bengoetxea 2019

Baile en la playa. Los ahogados de Bóreas

“Baile en la playa. Los ahogados de Bóreas” © J. Bengoetxea 2019

El capitán no sabía bailar. Una noche quiso soñar sus pasos al ritmo de Bóreas, el viento del Norte. Quiso soñarse acelerando el tiempo de su falta. Vio cómo cada momento tomaba forma de árbol. Raíces hundidas en la arena de una playa que no aparecía en sus derroteros al despertar.
Árboles seguros y muy quietos. Atados al suelo. Árboles muy quietos que bailaban deshaciendo su vergüenza, su deseo… su soledad, su ira. Árboles que eran “uno y cientos” en su historia hundida en la arena. Abandonados al viento, entregados al baile.