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paisaje marino

Cayo de los Huesos. Velas negras

“Cayo de los Huesos. Velas negras”  © J. Bengoetxea 2019

La isla de los lotófagos

“La isla de los lotófagos” © J. Bengoetxea 2019

Diagrama para atravesar fantasmas de ballena: la verga del tangón

“Diagrama para atravesar fantasmas de ballena: la verga del tangón” © J. Bengoetxea 2019

Como con una vieja “verga de telégrafos”, la palabra cruza un fantasma —su silueta— con una fina línea. La forma revela la palabra y el fantasma es atravesado. Los fantasmas anteriores a la palabra habitan una fotografía. ¡Buscan palabras!.

Tal vez aquel “no lugar” de la forma donde la historia se renueva una y otra vez… sin cesar.


“El ojo que ves no es / ojo porque tú lo veas / es ojo porque te ve” 
Machado

¿dónde nacen las olas? Puertoescondido

“¿dónde nacen las olas? Puertoescondido” © J. Bengoetxea 2019

Las olas nacen de un muro cuando hay niebla en Puertoescondido.

 

Sobre olas negras en mares dormidas

“Sobre olas negras en mares dormidas”  © J. Bengoetxea 2019

(ensayo: despertar a una ola negra)

Paisaje sencillo con rocas y nubes

“Paisaje sencillo con rocas y nubes”  © J. Bengoetxea

Playa Velasnegras

“Playa Velasnegras” © J. Bengoetxea

La Estacademares

En más de una ocasión el artesano quiso describirle al lisiado capitán en qué consistía —según sus investigaciones— ese extraño mecanismo de Anticitera  que lograba sostener nubes blancas sobre la línea del horizonte. Insistía en la importancia de mirar de tal manera que, una estaca cualquiera, se interpusiera como columna de la línea. Eso solamente podía hacerse los días despejados con viento del suroeste.

En el momento en el que la declinación de la cerca empujaba hacia arriba el horizonte, siempre aparecía una nube blanca. Solamente unos pocos segundos, pero los necesarios para poder advertir la improbable certeza de que realmente fuese esa la causa…y ninguna otra. 

Concluyó: “el horizonte es un lugar poblado de incertidumbre que es necesario apuntalar siempre con la mirada”

De “Postales de un zapatero veneciano”

Sin final (sin fecha)

“Sin final” (sin fecha) © J.Bengoetxea 

 

“Postales de un zapatero veneciano”

Pero, ¿quién es el “zapatero veneciano”?

¿…y sus postales? ¿Son auténticas, o todo es una fabulación azarosa?

¿Existe Porto Nascosto? Los cheilopong y los peces voladores ¿…Carapachibey o Calasinmar?

Un sello de lacre encontrado por casualidad en la reforma de un antiguo taller de zapatería veneciano parece acreditar, definitivamente, todos los indicios: un zapatero veneciano de mediados del siglo XIX mantuvo una larga relación postal con el atribulado capitán Ahab. Aquel que Melville construyó en nuestras memorias. 

¡…sí!, una cajón lleno de collotipias —postales de la época— lo atestigua. Y el lacre con el que el zapatero marcaba todos sus envíos, lo acredita.

Stai attento!!

Casi como los obenques de un velero, las historias son líneas que atraviesan la niebla suspendidas en el aire. Pero siempre dibujan a sus pies ramas entrecruzadas con el tronco fuera de la fotografía. Ramas que se tejen mientras las fotografías, casi vivas, se revelan.

Esta historia es una de esas ramas en la niebla que te dejan saltar de una fotografía a otra como en una rayuela, como si jugásemos a la gallina ciega. Encontramos el obenque, el cabo…e inmediatamente es tragado por una ballena blanca y desaparece en medio de la niebla: la ballena del Essex quizá…o aquella del capitán Ahab.

Esta historia comenzó cuando, en la reforma de un antiguo taller aparecieron, por fortuna, unas collotipas —postales de la época en italiano— que un zapatero veneciano enviaba, al parecer, al capitán de un ballenero del siglo XIX.

Si no fuese por el sello de lacre que se encontró en el suelo, sobre una vieja arpillera, sería imposible acreditar su autenticidad. Ahora ha llegado el tiempo de dar a conocer la historia de las “Postales de un zapatero veneciano”