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Museo Guggenheim

¿Un hotel para Puppy…? Gran Hotel Domine

El Gran Hotel Domine estrena web, pero sobre todo está de estreno con su total renovación interior.

Un reportaje fotográfico de ¿un hotel para Puppy? …esa sensación da seguramente al turista cuando lo observa viniendo desde el puente de La Salve, o desde la Plaza de Euskadi. Invita ineludiblemente a ese juego con el teleobjetivo montado en cámara.

En el interior, un renovado estilo ¨british” de la mano de Foraster arquitectos. La suite estrella, Penthouse Suite,  lleva “foto” incluida en sus 80 metros cuadrados con un ventanal y una terraza que encuadra las crestas cegadoras del museo Guggenheim.

El lugar de reunión, de encuentro o de relajo, el Sixty One, plagado de simetrías y juegos visuales que acogen y animan al viajero a pensar su viaje, a recuperar la retina seguramente excitada por el empacho o el vértigo de un Bilbao lleno de brillos. Casi síndrome de Stendhal para los poco acostumbrados a esa cosa peculiar que engancha la mirada e invita siempre a volver.

Gran Hotel Domine, Guggenheim, Puppy …y “007”

Bilbao al atardecer. Casi la “Hora Dorada”. Mas de 35 grados y la plaza del museo atestada de turistas…Un retrato de grupo difícil: Frank Gehry, Guggenheim; Jeff Koons, Puppy; Mariscal, Gran Hotel Domine …y también ”007” saltando desde el ático del edificio de al lado.

Dentro del Gran Hotel Domine, renovado totalmente por Foraster Arquitectos, el Sixty-One.

* Extracto de reportaje fotográfico para Gran Hotel Domine, Bilbao.

 

“La máscara veneciana”. Guggenheim Bilbao

“La máscara veneciana” © J. Bengoetxea 2017

 

Creo que nunca, desde que acabó su construcción al menos, he paseado por la explanada frente al museo del perro florido por placer, siempre ha sido por encargo.
Pero no soy fiel a la verdad diciendo esto. En realidad, una vez tras otra acabo resolviéndome como un enajenado quijote enfrentándome a sus enormes aspas de titanio con mi jofaina en la cabeza y la negrura de mi correa al cuello. Colgajo que se tambalea, maquina debajo del pecho. Sorprendido…quizá asustado. Por supuesto deslumbrado por los lanzazos de sol que me arrojan sus volutas afiladas: sin piedad, cortando el resuello del poder de mis cristales mágicos.

Titanio contra cristal es una sangrante herida en la sensibilidad de mi corazón oscuro prendado al pecho…esa negra prótesis que me acompaña. ¡Claro que no es igual la contienda entre magnesio y cristal contra fractales de titanio y sol de tarde!

Ayer la gesta interminable me mostró por primera vez uno de sus peores “metamorfemas”, La Máscara Veneciana y su hierática sonrisa atrapada. Se “ríe de la Ría”…y se ríe de mi agotada derrota.

El triunfo de la forma, la caída de la luz al ritmo de las mareas. Esa Ría larga y sinuosa. Una fotografía, sólo una fotografía lo atrapa todo y lo regurgita en undoscientoscincuentavo de segundo y nueve palas de diafragma.

No, la fotografía no es una “suerte de pareidolia” sino la espera historizada de la “serendipia de la forma”, y este “templo de máscaras venecianas” deslumbra a cuantos engulle cercenándolos con lo primero.

¡Cenotafios fantasmales al sol!

Espumas de titanio

© J. Bengoetxea 2014

Detalle Museo Guggeheim

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