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Cabo Malgrit: La ensenada del tuerto

El “Cabo Malgrit” no existe. Es un lugar nacido accidentalmente al medir el grosor de una foto. Como las fotos son tan delgaditas, su canto no mide casi nada, y es por eso por lo que depositamos allí su tiempo, su historia: lo hacemos para llenarlo, para saber de algún modo que algo puede ocurrir.

Ahí, justo en la leve estrechez del canto, con habilidad, podemos depositar unas gotitas de tiempo: el tiempo del que una fotografía nunca dispone por la extrema rapidez con que se capturó.

Por eso algunos fotógrafos necesitan tanto tiempo para decir que han hecho una foto; por eso se empeñan luego en “revelarlas”.

Cabo Malgrit es un lugar por y para la magia, donde las fotografías narran historias sin personajes ni finales…ni  principios que nadie recuerde.

Cabo Malgrit NO existe. Cabo Malgrit ahora ya existe.

Cabo Malgrit es un lugar donde cualquier historia se escribe solamente en futuro anterior. Es la Ensenada de un Tuerto que hacía fotos con su único ojo y que, aterrado por la ceguera que le producía su propio espejo durante la toma, inventó una historia para llenar la rápida oscuridad de ese singular momento.

Continuum “dos”

Es constatable, evidente, la función documental de la fotografía relacionada con su uso como garante de cierto tipo de memoria.
También es, o parece cierto, que en ella se recoge de algún modo, todo ese universo referido a cómo el fotógrafo se relaciona con lo real.
Es una especie de huella de lo acontecido, pero también de lo acontecido del lado del contracampo, de lo que no aparece mas que en esa elección que deja su rastro en una “elipsis que vive fuera de cuadro”.

Es posiblemente en esa elipsis del contracampo donde habitan a la vez lo ocurrido, lo que ocurrirá y lo que pudo ocurrir. El fotógrafo, como el actor o el poeta, puede habitar esos pasillos cuya etiología desconocemos tanto como manejamos; eso sí, ajenos a su sintaxis.

Quizá sea solo una licencia poética insinuar que en las fotos coexista lo que ocurrió con lo que pudo ocurrir, y el fotógrafo solo sea el notario de que otras realidades son/fueron posibles.
Que las fotos sean, al menos, un gran secreto que habla de un secreto y lo declara.

Estas fotos, casualmente han sido “anticipativas” de una realidad que aún no despuntaba…un secreto. Quizá supieron (las propias fotos…) ver en lo acontecido el germen de lo posible. Quizá solo una casualidad fruto de un secreto.

Esta fotos y la anterior de este blog, hablan de la continuidad, del tránsito, de la desaparición y del germen que habita en un abdomen preñado siempre, y a la vez absolutamente desconocido.

Un recuerdo desde aquí; un saludo a lo que ocurrió y una despedida anónima.

Ilusio faltsurizko hondartza: el espejo

Es curioso que los fotógrafos podamos contemplar por nuestro ocular lo que sucede antes y después de la fotografía, pero nunca lo que ocurre DURANTE la fotografía; en la mayoría de las cámaras el espejo nos impide ver lo que fotografiamos en su “abatimiento”.
Es curioso que sea precisamente este mecanismo el que nos ciegue durante la toma:

Intentamos apropiarnos de algo confiando en que persista durante nuestra leve “ausencia” en realidad. Es en ese momento justo –de ausencia– donde volcamos nuestra ilusión.

Fotos que son bailes de pájaros…

No tengo la menor idea de para qué sirve la fotografía. Quizá, al hablar de fotografía, nos refiramos aún a demasiadas cosas a la vez, y demasiado distintas como para poder explicarlo.
Somos novatos en esto aún…pocos siglos usando las fotos quizá.

Lo que si sé es que es un Gran Placer dejarse llevar por su embrujo al hacer las tomas, al templar el alambique para revelarlas…y, sobre todo al dejarse sorprender por lo que te va descubriendo el propio proceso, del que uno es mucho mas una parte que el propio “hacedor”.

El asunto de la autoría en fotografía es, probablemente, uno de los mas difíciles de esclarecer. Somos mucho mas correa de transmisión que autor la mayoría de las ocasiones; eso opino yo al menos. Pero es ahí seguramente donde reside la gran potencia del medio: quizá con las fotografía no hacemos mas que contarnos unos a otros historias “posibles” que vamos hilvanando colectivamente hasta que, tiempo después, descubrimos que se han hecho realidad, pero, a la vez, que ya no sabemos quién las imaginó.

Las fotografías, en cierto modo, puede que sean una suerte de sueños colectivos anticipativos mucho mas que huellas de la realidad o creaciones de un autor.

Si esto que digo tiene algún sentido (??), es igualmente cierto que el autor, a pesar de todo, permanece de algún modo también en su trabajo.

Esta es una de las magias del medio…

Eurínome frente a Crono

Una oceánide, hija de Océano y Tetis y madre con Zeus de las tres Cárites. Su nombre significa ‘amplio gobierno’. Cuando Hefesto fue arrojado del Olimpo por Hera, Eurínome y Tetis le recogieron en el fondo del mar. Boecio y otros autores ofrecen otra versión según la cual fue la esposa de Ofión y reinó con él sobre los titanes antes de los tiempos de Crono. Pero cuando éste se alzó contra su padre, Eurínome fue vencida por Rea y arrojada al Tártaro o al fondo del mar. Algunos autores la hacen también madre, con Zeus del río Asopo.
(Wikipedia)



Instantánea de Hefesto recogida por Heródoto de Halicarnaso (Ἡρόδοτος Ἁλικαρνᾱσσεύς) en su Photographiae incluído en el libro VI: (Erato)

También referencias en “De cómo Ophidón nos muestra a Crono”

 

Hurrengo Geltokia, Ezkerraldea

La próxima estación, Margen Izquierda es el título de esta foto obtenida contra el titanio del museo Guggenheim de Bilbao.
Este magnífico mamut con paredes de titanio y forma de barco “encallado en la ría” nació en un momento de eclosión sin precedentes en los movimientos culturales y artísticos de la Margen Izquierda. En general de toda Euskal Herria.

Muchos pensamos que era un despropósito usar fondos de erario público en tan interesante obra, cuando todo ese hervidero local solo necesitaba un pequeño empujón financiero para enriquecer y renovar el torrente creativo del país. Eso podría ser correa de transmisión de un gran CAMBIO que entonces era tan necesario como ahora. La atención de los responsables entonces nunca llegó.

Hurrengo Geltokia, Ezkerraldea

En lugar de eso se decidió –los políticos decidieron– crear un retorcido espejo de titanio gris que mantuviera “ciego con su fastuoso reflejo” el agujero oscuro de la reconversión industrial y la misma decadencia ideológica en que se amasaba aquel cambio.

Años después, el sortilegio ha surtido efecto y el brillo cegador del titanio se ha llevado ese futuro anterior que nunca llegó, y que ahora está sumergido en el lodazal de sus cimientos.

Eso sí, algunos pensamos que es posible rescatar con magia blanca esa historia escondida que nunca fue de entre esos pliegues quebradizos, insinuantes, de las tripas del Caballo de Troya a golpe de fotos…

Este blog lleva ya en sus páginas mas de un conjuro sobre este tema.

Retrato: sobre “chamanes” y ladrones de almas

Es mas que llamativo cómo en culturas distintas a la nuestra, desde siempre se ha asociado al hecho de “retratar” la facultad de secuestrar el alma, de robar el espíritu. No solo en una ocurre, aunque es cierto que tampoco se muestra del mismo modo en todas ellas.

Al detener el tiempo en un segmento que tiende a cero por definición –la velocidad de obturación–, la fotografía parece igualmente detener junto al rastro incuestionable del referente que “captura” (roba, secuestra), su propia esencia de ser, impidiéndole así cualquier ulterior cambio; el cambio que necesariamente nace del olvido.
La fotografía hace la función de exterminador del olvido a través de su empecinada e inmutable presencia. Así condena a sus personajes a ser rehenes de su propia historia asignándoles a un momento incuestionable, inmutable, siempre presente y, sobre todo, con un futuro que se alza a partir de esa imagen. Imposibilita otros futuros por tanto.

Galle / retrato

La fotografía en la cultura occidental nacía en un momento histórico, cultural y artístico en el que daba la falsa sensación de que podría ser una especie de espejo de lo real. Como si el sustrato científico sobre el que se alzaba el descubrimiento, garantizara su “asepsia” y su capacidad de reflejar la realidad de un modo directo e incuestionable.

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