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La fotografía profesional “se revela”

El trabajo de un fotógrafo versa sobre las preguntas. El proceso fotográfico siempre remite a alguna pregunta. La pregunta surge, claramente, en la suspensión de la narrativa que, una escena detenida, parece impulsar: una pregunta frente al espejo*.

El proceso revela la pregunta porque la fotografía se rebela:  ¡ rebeldía !

¿Y si trabajas por encargo?
Entonces, por confusión, el proceso se invierte: el cliente espera que le reveles la respuesta.
Hay dos tipos de fotógrafos profesionales: los que le devuelven al cliente preguntas, y los que se invisten de oficiantes litúrgicos y le revelan respuestas. Las respuestas que esperan.

Ahora estamos en ese periodo del ciclo donde las preguntas son incómodas y todas las respuestas parecen verdaderas. El obturador es estrecho y la realidad se adelgaza como un hilo para atravesarlo.

Quizá queden ya atrás los tiempos donde las fotografías “mienten al servicio de los clientes”. Nada hay de cierto en una propuesta; al final, la incertidumbre presente en toda fotografía, es su verdadero VALOR, ¡ también en un encargo !

De cada profesional dependerá el futuro de las preguntas. Las respuestas son siempre efímeras.

Fotografiar consiste en el proceso de revelar la rebeldía de la mirada.

No olvidemos que apretamos el obturador con el dedo “índice” para iniciar un PROCESO que el diccionario recoge, en su primera acepción, como “indicio o señal de algo”.

La función de la fotografía es preguntar a las palabras. ¿Somos los fotógrafos los “curas de la nueva era”, …esos litúrgicos oficiantes que santifican verdades falsas? No, concluyentemente no.
Los fotógrafos, en esta “santa misa”, fotografiamos santos desnudos a través del ojo de la cerradura.

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Súbita

“El problema no es que nos acordemos gracias a las fotografías, sino que sólo nos acordamos de las fotografías”, escribe Susan Sontag y añade: “Esta forma de rememoración por la fotografía eclipsa las otras formas de comprensión, y de rememoración”

Extraído de “La Muerte desenfocada” Jacques Terrasa

* “Cualquier fotografía es una búsqueda de equilibrio, en tonalidad y contraste, entre una superficie blanca y una negra, según la apertura del diafragma y según la duración del tiempo de exposición; algún exceso o alguna carencia hacen que la imagen no logre aparecer o se vaya desvaneciendo. Cuando se obtiene este equilibrio, nos dejamos confundir por la ilusión referencial que produce aquella fotografía que ha llegado al término de su proceso de realización icónica, mientras olvidamos las «imperfecciones» indiciarias, olvidamos todo aquello que nos recordara que se trata del simple encuentro de una superficie fotosensible con un rayo de luz. Así que podríamos llamar iconogénesis este proceso de construcción analógica de la imagen, en el que se tiende a rechazar la contaminación indiciaria para valorar la pura iconicidad, a despreciar aquellos signos que delatan la opacidad matérica de la foto para dejarnos engañar por la transparencia icónica de una supuesta representación de lo real

*Extraído del mismo texto de Jacques Terrasa.

Para “Quousque tandem…!”: Catilinarias

Oteiza, del que es necesario aprender, al que es necesario revisar a diario si se ha nacido aquí, se filtra ineludiblemente en la fotografía con uno de sus argumentos mas llenos: su concepto del vacío creativo.

Nada mas concluyente que dejarse llevar por los vacíos que describen sus esculturas concibiendo la pieza como un testigo de la ausencia que —es evidente—, es el material mas pesado, mas denso de su obra.

En Oteiza, lo que “pesa” no es la pieza, sino el volumen vacío de su encierro.

En fotografía quizá sea mas sencilla la comprensión de este afecto. En fotografía en blanco y negro, aún mas.

Son los negros los que construyen el mapa del indicio, es la ausencia de luz —el vacío— lo que sustancia la obra.

La fotografía mapea el vacío, lo coloca frente a la vista, lo descubre y lo añora.
Es entonces el propio autor el destino de una narrativa ocluida pero serena. El espectador solo contempla la luz al principio, no la ausencia. De ella se deshace incrustando sus fantasmas en el hueco de las sombras que le devuelven la mirada…y le aterrorizan.

Oteiza, en su alquimia, lucha a muerte con las sombras de sus piezas hasta hacerlas rehenes doblegados de los vacíos que encierran. Transmuta ese pesado volumen en sugerencia activa liberándolo así de sus destinos quietos.

La forma no se explica en la fina línea de un círculo, sino en el vacío que encierra