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La Estacademares

En más de una ocasión el artesano quiso describirle al lisiado capitán en qué consistía —según sus investigaciones— ese extraño mecanismo de Anticitera  que lograba sostener nubes blancas sobre la línea del horizonte. Insistía en la importancia de mirar de tal manera que, una estaca cualquiera, se interpusiera como columna de la línea. Eso solamente podía hacerse los días despejados con viento del suroeste.

En el momento en el que la declinación de la cerca empujaba hacia arriba el horizonte, siempre aparecía una nube blanca. Solamente unos pocos segundos, pero los necesarios para poder advertir la improbable certeza de que realmente fuese esa la causa…y ninguna otra. 

Concluyó: “el horizonte es un lugar poblado de incertidumbre que es necesario apuntalar siempre con la mirada”

De “Postales de un zapatero veneciano”

La fotografía es un Espejo

Al parecer el mundo es un gran “set”; lo Real es la fotografía. Ya podemos vivir constantemente inmersos en el sueño de lo que jamás existió.
Lo que quiso representar la realidad—descubrir “lo no visto” propiamente— ha representado YA su propia materia: el espejo.
Es así que la fotografía no es el arte de captar la luz, sino el de reflejarla en otra dirección. ¡Apasionante! O quizá no…
Pero vive para hacer fotografías, no vivas en las fotografías…
Aunque, quizá, si puedes vivir de las fotografías, es un buen plan.

La fotografía es un espejo; la fotografía es un arma.

Fotografía de STEPHEN SHORE, El País

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El fotógrafo es —ya— el editor de lo real.

El fotógrafo es —YA— el editor de lo real.

Si entendemos el referente fotográfico (subsidiariamente lo real) como un texto sin puntos ni comas, el momento del disparo será la puntuación y el encuadre será el equivalente al proceso de identificar, como en una sopa de letras, el texto oculto. Así establece la fotografía su valor de signo//símbolo.

Lejos del texto, la imagen fotográfica, no es lineal.

Corresponde de nuevo al que recibe la fotografía (espectador) reeditar: encuadrar y puntuar.

Es por tanto que el objeto de la fotografía, el objeto del acto fotográfico, NO es compartir segmentos de realidad, sino poner de manifiesto la diversidad narrativa que surge cuando la realidad es editada de modo diverso: la diversidad en la puntuación libera nuevos significantes que, a su vez, destruyen la huella de lo anterior en lo real y lo transforman en consecuencia, no en origen.

Cuando todos sepamos leer, el texto comenzará —por fin— a revelarse; triunfará la rebeldía en la mirada y lo real será poseído por el deseo.

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La mar: un sueño

Uno de mis motivos preciosos (la mar) en uno de mis lugares recurrentes:

Lo llamé Isla Negra hace ya mucho tiempo.

 

El blanco y negro que uso, levemente “virado” al final del proceso, se basa en la aplicación del equivalente al Sistema de Zonas de Ansel Adams —sus fundamentos—, y un revelado (procesado) que en esencia contempla las mismas pautas que lo hacían en fotografía química, con película y papel en B/N.

Los sistemas digitales crean en mi opinión, por su soporte y procedimientos aparentemente “exactos”, una alucinación que devuelve a la fotografía a sus inicios, mas dependiente de la huella de la realidad.

Al contrario que esto yo pienso que, gracias a la fotografía digital, podemos interpretar con mayor libertad el referente para, así, posibilitar a la fotografía su despegue de él.

No solo vemos; en realidad lo que hacemos propiamente es percibir, y en esto, además de la vista están implicados los demás sentidos, incluida nuestra propia historia, cultura, memoria, estado de ánimo etc.

Estos aspectos conforman nuestra “mirada” y la fotografía es una manera de trasmitir; no es una realidad segmentada y detenida, sino una realidad mucho mas amplia y dinámica en la que la interpretación, ya como Adams la describía, es una parte clave en el proceso.

Memoria histórica

La fotografía, en mi opinión, poco tiene que ver con la memoria. Pero eso no nos disculpa a los fotógrafos de nuestra “mala memoria”.

Las fotografías nunca hablan de lo que ocurrió, sino de lo que pudo haber ocurrido.

Continuum “dos”

Es constatable, evidente, la función documental de la fotografía relacionada con su uso como garante de cierto tipo de memoria.
También es, o parece cierto, que en ella se recoge de algún modo, todo ese universo referido a cómo el fotógrafo se relaciona con lo real.
Es una especie de huella de lo acontecido, pero también de lo acontecido del lado del contracampo, de lo que no aparece mas que en esa elección que deja su rastro en una “elipsis que vive fuera de cuadro”.

Es posiblemente en esa elipsis del contracampo donde habitan a la vez lo ocurrido, lo que ocurrirá y lo que pudo ocurrir. El fotógrafo, como el actor o el poeta, puede habitar esos pasillos cuya etiología desconocemos tanto como manejamos; eso sí, ajenos a su sintaxis.

Quizá sea solo una licencia poética insinuar que en las fotos coexista lo que ocurrió con lo que pudo ocurrir, y el fotógrafo solo sea el notario de que otras realidades son/fueron posibles.
Que las fotos sean, al menos, un gran secreto que habla de un secreto y lo declara.

Estas fotos, casualmente han sido “anticipativas” de una realidad que aún no despuntaba…un secreto. Quizá supieron (las propias fotos…) ver en lo acontecido el germen de lo posible. Quizá solo una casualidad fruto de un secreto.

Esta fotos y la anterior de este blog, hablan de la continuidad, del tránsito, de la desaparición y del germen que habita en un abdomen preñado siempre, y a la vez absolutamente desconocido.

Un recuerdo desde aquí; un saludo a lo que ocurrió y una despedida anónima.

Biopolítica y fotografía: Lo improbable

La fotografía es, sin duda, uno de los instrumentos actuales que mejor sustentan ese cúmulo de “realidades convenidas” por el que nos regimos en los sistemas sociopolíticos actuales.

La biopolítica, si acaso pudiera ser un argumento recuperable de la filosofía de Foucault y aplicable al statu quo actual, esa labor “pastoral” y de custodia (de salvaguarda dirían algunos políticos) que el estado ejerce sobre sobre el individuo dentro del hecho social global, como masa biológica de comportamientos previsibles tuviera –insisto– un pellizco de realidad, entonces podríamos preguntarnos cuáles son los instrumentos mas eficaces para dar consistencia a ese advenimiento de realidades moldeadas y controladas por el poder, y difundidas y sostenidas por la propia red social.

Desde luego y sin despreciar otros muchos, la imagen, la fotografía concretamente, sería uno de los mejores soportes para vehiculizar, difundir, y en definitiva cimentar socialmente cualquier intento de instaurar o modelar universalmente un determinado corpus ideológico.
Es sencillo, aún hoy, crear tendencias sociales si se es capaz de generar las sinergias necesarias entre los medios de comunicación y difusión general de imágenes.

Una imagen sigue arrastrando –ya lo sabemos– esa carga de huella de lo real, de espejo fidedigno de lo acontecido. Pero además lo hace de un modo intercultural con un espectro muy amplio de eficacia.

Solo habrá que “desplazar la suficiente nieve en la cumbre” para que el valle despierte anegado de imágenes interesadas que se sustentarán unas en otras, y hallarán en la mera repetición y en las diferencias de matiz dentro de la abundancia, razón de SER para los argumentos que importen:

Son muchas+son huellas de realidad+son diferentes en matices= Son Reales

Con pequeñas dosis bien dirigidas de esta secuencia guionizada de impactos, es mas que suficiente para crear corrientes que, a su vez, serán también configurables y removibles con facilidad.

Por otro lado, los textos, las palabras, carecen de dos cosas al menos: No tienen por qué ser ciertos y no dejan improntas afectivas ligadas a simbolismos no verbalizados, mágicos en el sentido antropológico del término.
Las imágenes son indefectiblemente dadas por ciertas inicialmente siempre, y al contrario que los textos, se apoyan unas en otras a través de la “diferencia” y no de la repetición como en aquellos.

Así, quizá no fuera demasiado conspiranóico (??) pensar que quien sepa aislar y dirigir los cúmulos iniciales de imágenes, también dirigirá el ánimo de quienes las reciben y, sobre todo el de los que las repiten y remozan (los fotógrafos sobre todo) consciente o inconscientemente.

Por eso en mi opinión es tan importante deconstruir hasta la raíz el lenguaje fotográfico para, así, devolver el poder de la imagen a quienes las contemplan y a quienes las hacen en detrimento de los que las USAN.

También es bueno hablar de una aspecto que quizá sea mas interesante en mi opinión que otros muchos que, desde luego, no cabrían en estas cuatro maltratadas líneas del blog:

Las imágenes, inherentemente, por su propia realidad de procedimiento, parecen amar lo improbable. Lo improbable es justo ese fantasma ancestral amenazante que, por delegación y a través de su papel pastoral y chamánico, lo poderes exorcizan justamente usando las propias imágenes. Los individuos del hecho social quedan así libres de la muerte, la enfermedad, el desasosiego y hasta de la culpa o el dolor.

Muy al contrario las imágenes se “revelan” (como en la fotografía química) y se colocan antes o después del lado de lo improbable. Es en esta cosa donde reside por tanto la esperanza.

Citas:

Wikipedia/Biopolítica

“Dicho poder se ejerce explorando y guiando las almas y conciencias de los individuos produciendo una verdad de sí. El estado moderno subsumió algunas de estas características creando una matriz de individualización, que pretende que esta salvación del individuo se convierta en un aseguramiento de su vida cotidiana frente a la incertidumbres de la reproducción material de la vida”

“La sociedad en su conjunto fue movilizada por el estado y sus instituciones para asumir las tareas pastorales, que son, en definitiva, relaciones de poder que lejos de competir entre ellas, provocan una sinergia eficiente gracias a una adecuada delimitación por parte de las instituciones y las disciplinas en su penetración de los individuos”

Sobre la mirada en fotografía.

Porque todo lo que fotografiamos, todo, nos devuelve la mirada aunque, como en este caso, él no vea. Estoy convencido de esto.

Dos instantáneas estas realizadas con 15 años de por medio.

Arquitecturas en futuro anterior: la Mirada…en el Espejo

“El fotógrafo no trabaja en el presente sino en el futuro anterior, descubrirá mas tarde lo que ha visto, una vez la imagen sea revelada. E incluso descubrirá lo que le era invisible. Lo que él ve en el encuadre no es lo que vería fuera (en el encuadre se establece una representación, una imagen se hace y va a fijarse) ni siquiera lo que ve o cree ver, será lo que él ha visto. (…).

La sonrisa simétrica

(Fachada Museo Guggenheim)
El fotógrafo vive el presente de su experiencia como el pasado de un futuro. Esto no es, habrá sido." Chevrier, 1982
"La esencia de la fotografía no es ratificar un pasado, sino ratificar lo que ella representa" Barthes, 1981