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Arquiteutis: Studium—Punctum

Dice Barthes —y dirá bien…— que las fotos se mueven en dos sustratos diferentes que conviven, pero que no mantienen relación alguna:
El Studium y el Punctum.

El studium, según él, importa un carajo. Es cultural, histórico, sociológico; se puede describir y analizar. El fotógrafo lo construye con cierta consciencia durante el proceso. Pero, y como el teatro de Sartre, no menea al espectador, no le pincha: es demasiado cuidada su estética, demasiado cargada del studium para mover a nadie ni a nada (Barthes dixit…).

En cambio el punctum, pincha (de ahí su raíz latina), es idescifrable y acontece muchas veces mas allá, en la total ignorancia del fotógrafo incluso.

Lo “jodiondo” (o sea, aquello jodido que además huele mal, muy mal) es que uno de tanto leer lo que hace y lo que no hace, piensa poco y cede cada día mas el “acierto” a los acertantes: La fotografía siempre se escurre entre las plaquitas del diafragma o, como dijo el Sr. Nietzsche “Los hombres laberínticos no buscan la verdad, buscan su Ariadna”

 

Sueños de Ariadna

El batir del sueño es toda mi mente.
Soy mi ritmo. Ovillo mi madeja
más y más profundo en el laberinto
para hallar la unión de los caminos,
para hallarlo antes de que el héroe encuentre
al prisionero del Laberinto,
al horror coronado de cuernos al fin
de todos los corredores, mi amigo.
Lo guío lejos. Él se arrodilla para pacer
la hierba espesa sobre la tumba
y la luz se mueve entre los días.
El héroe encuentra un cuarto vacío.
Busco mi ritmo. Bailo mi deseo,
saltando los anchos cuernos del toro.

Ursula K. Le Guin, The Twins, the Dream

Arquit-eutis —Serie— E.C. (arquitectura)

De la serie de arquitectura que siempre está rondando por aquí.

De esa, quizá aparentemente extraña pero fundada, relación entre el lenguaje de la arquitectura y el de la fotografía.

De cómo se organizan los sintagmas de grises y las geometrías en una fotografía.

Del placer de poder ser cómplice de todo esto.

Cabo Malgrit: La ensenada del tuerto

El “Cabo Malgrit” no existe. Es un lugar nacido accidentalmente al medir el grosor de una foto. Como las fotos son tan delgaditas, su canto no mide casi nada, y es por eso por lo que depositamos allí su tiempo, su historia: lo hacemos para llenarlo, para saber de algún modo que algo puede ocurrir.

Ahí, justo en la leve estrechez del canto, con habilidad, podemos depositar unas gotitas de tiempo: el tiempo del que una fotografía nunca dispone por la extrema rapidez con que se capturó.

Por eso algunos fotógrafos necesitan tanto tiempo para decir que han hecho una foto; por eso se empeñan luego en “revelarlas”.

Cabo Malgrit es un lugar por y para la magia, donde las fotografías narran historias sin personajes ni finales…ni  principios que nadie recuerde.

Cabo Malgrit NO existe. Cabo Malgrit ahora ya existe.

Cabo Malgrit es un lugar donde cualquier historia se escribe solamente en futuro anterior. Es la Ensenada de un Tuerto que hacía fotos con su único ojo y que, aterrado por la ceguera que le producía su propio espejo durante la toma, inventó una historia para llenar la rápida oscuridad de ese singular momento.

“12:15 Fiesta en la Playa”: narrativa y fotografía

La Narrativa Fotográfica y las disquisiciones que plantea siempre, es uno de mis temas recurrentes a la hora de pensar/hacer fotografías.

¿Existe una narrativa específicamente fotográfica?

Las respuestas a esta pregunta son tan variadas como contradictorias y ,en cualquier caso, llenas de matices muy interesantes.

Desde un punto de vista ontológico, lo mas indicado sería considerar que NO, que no hay narrativa alguna en una fotografía. O, al menos, que no la hay en esencia.

Pero si que hay una herencia relacionada con esa pregnancia de lo “real” en una imagen fija, que parece sugerir un cierto indicio sobre “una historia”, sobre su huella en la fotografía.
Quizá la influencia de la sintaxis aplicable a los textos, se filtre también de algún modo en la “retórica” de una imagen.
O quizá se trate de ese resorte profundamente arraigado en nuestra psiqué que nos impele a fabular necesariamente narraciones: no soportamos pensar o sentir que “NADA ocurre”. Tampoco frente a una imagen fija.

En esta fotografía de abajo he tratado de reunir algunos factores que creo interesantes para ilustrar (este texto y los textos en general lo requieren) algunos elementos clave en mi opinión sobre este asunto.

Pero nada de esto parece intrínsecamente fotográfico…no en esencia, insisto.

Una foto no es (aunque lo parezca casualmente) el pasado. Tampoco es, ni mucho menos, presente alguno. Y tampoco es futuro. Pero quizá, y si algún tiempo verbal es aplicable a la fotografía, ese sea curiosamente el futuro anterior.

¿Una narración tendría sentido cuando se conjuga exclusivamente en futuro anterior…?

Una fotografía, que es en realidad un objeto impregnado de una suerte de huella de la realidad, en cuya toma el tiempo tiende a cero (levedad/brevedad de la exposición), cuyo proceso se dilata indefinidamente ,su contemplación es siempre un descubrimiento reciente y sobre cuya apariencia se tiende a elaborar/fabular una historia, parece tener una etiología cuando menos curiosa y muy específica.

Mi sospechas giran entorno a una sintaxis específica que entronca directamente, y sin que medie la razón, con un indescriptible torbellino de afectos no alineados en el tiempo. Lejos por tanto de esa narrativa propia de los textos que son lineales y temporales “per se”.

Quizá, y aunque pueda sonar pretencioso, podemos escrutar en la imagen fija una nueva estructuración, una nueva dialéctica de los mensajes, lejos de servidumbres históricas para con los textos, y con un poder narrativo extrañamente atemporal, activo, dinámico y peculiarmente mutante.

Mientras la realidad de los textos parece descansar fuera de ellos mismos (por eso usan las imágenes como soporte de “certeza”), las imágenes fijas son totalmente autónomas y portadoras seguramente de relaciones intratextuales potencialmente capaces de generar realidades: El vector del significado se invierte extrapolando algunas afirmaciones de Flusser.

(…)

Gernika: memoria histórica

Si fuese cierto que en esta nueva era donde la imagen “impera”, nada existe si no es fotografiado, será —induzco— igualmente posible afirmar que cualquier cosa fotografiada EXISTE…o pudo existir, o puede existir: el tiempo verbal y la fotografía no siempre coinciden.

Gernikan, 1937ko apririlaren 26an

La fotografía quizá sea, esencialmente al menos, algo de índole exclusivamente espacial lejos ahora ya, de la temporalidad histórica que la ha secuestrado siempre.

Retomar la memoria histórica con una fotografía, mas que aseverarla en un solo sentido, podría ser liberarla en múltiples desenlaces posibles.

Memoria histórica

La fotografía, en mi opinión, poco tiene que ver con la memoria. Pero eso no nos disculpa a los fotógrafos de nuestra “mala memoria”.

Las fotografías nunca hablan de lo que ocurrió, sino de lo que pudo haber ocurrido.