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Blancos en histograma escarpado

Ansel Easton Adams es una invitación constante a encarar el paisaje con esa peculiar manera que proporciona la interpretación fotométrica, la asignación de densidades desde la toma.

Usando cámaras digitales y modulando la gamma por zonas en el editor o en Photoshop, el disfrute es aún mayor…si cabe.

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La forma es el contenido (dos)

Registrar justo los últimos rastros del referente para, así, liberar de alguna manera las formas y su manera de construir mensajes nuevos: todos distintos según qué mirada los “proponga”.

Si miras al cielo durante mucho tiempo, el cielo también te mirará a tí…Todo lo que fotografiamos, nos devuelve la mirada.

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En todo este proceso, el fotógrafo quizá sea origen circunstancial, pero nunca es “causa” en mi opinión.

La forma es el contenido

Muy especialmente es la fotografía en Blanco y Negro la que “revela” este modo de apropiación del referente en la que la forma es, a la vez, el significado, el “qué”.

Esto es evidente cuando descubrimos que no es necesaria ninguna condición especial para que una buena foto surja; solo depende en esencia de “cómo” la hagamos.

Buscar entre la escala de grises es puro “cómo” que, a veces, se revela como significado, no como significante:

El “cómo” es el “qué”…

La ensenada Habitada del Libro de Arena

Conozco un relato en el que un vendedor de biblias le ofrece un libro infinito que él, Borges, compra por el precio de una pensión (la suya de ese mes) y una versión de la biblia escrita en caracteres góticos.

El vendedor, para describirle el poder del libro, le dice que es “infinito”, como la arena:

Lo adquirí —dijo el vendedor— en un pueblo de la llanura, a cambio de unas rupias y de la Biblia. Su poseedor no sabía leer. Sospecho que en el Libro de los Libros vio un amuleto. Era de la casta mas baja; la gente no podía pisar su sombra, sin contaminación. Me dijo que su libro se llamaba el Libro de Arena, porque ni el libro ni la arena tienen ni principio ni fin.
Me pidió que buscara la primera página…

Este lugar, este antiguo embarcadero, era como el Libro de Arena; era Infinito.
La fotografía, una fotografía, al igual que el Libro de Arena, es infinita: No podemos encontrar nunca la primera página ni la última, y su hojas están numeradas aleatoriamente.
Además, si señalamos una página en concreto para volver a ella después (intentamos guardar una mirada), cuando tratamos de recuperarla ya no está en el mismo lugar…o ni tan siquiera aparece.

La fotografía, una fotografía, quizá sea un Libro de Arena, …un libro infinito.

La mar: un sueño

Uno de mis motivos preciosos (la mar) en uno de mis lugares recurrentes:

Lo llamé Isla Negra hace ya mucho tiempo.

 

El blanco y negro que uso, levemente “virado” al final del proceso, se basa en la aplicación del equivalente al Sistema de Zonas de Ansel Adams —sus fundamentos—, y un revelado (procesado) que en esencia contempla las mismas pautas que lo hacían en fotografía química, con película y papel en B/N.

Los sistemas digitales crean en mi opinión, por su soporte y procedimientos aparentemente “exactos”, una alucinación que devuelve a la fotografía a sus inicios, mas dependiente de la huella de la realidad.

Al contrario que esto yo pienso que, gracias a la fotografía digital, podemos interpretar con mayor libertad el referente para, así, posibilitar a la fotografía su despegue de él.

No solo vemos; en realidad lo que hacemos propiamente es percibir, y en esto, además de la vista están implicados los demás sentidos, incluida nuestra propia historia, cultura, memoria, estado de ánimo etc.

Estos aspectos conforman nuestra “mirada” y la fotografía es una manera de trasmitir; no es una realidad segmentada y detenida, sino una realidad mucho mas amplia y dinámica en la que la interpretación, ya como Adams la describía, es una parte clave en el proceso.

Arquiteutis: Studium—Punctum

Dice Barthes —y dirá bien…— que las fotos se mueven en dos sustratos diferentes que conviven, pero que no mantienen relación alguna:
El Studium y el Punctum.

El studium, según él, importa un carajo. Es cultural, histórico, sociológico; se puede describir y analizar. El fotógrafo lo construye con cierta consciencia durante el proceso. Pero, y como el teatro de Sartre, no menea al espectador, no le pincha: es demasiado cuidada su estética, demasiado cargada del studium para mover a nadie ni a nada (Barthes dixit…).

En cambio el punctum, pincha (de ahí su raíz latina), es idescifrable y acontece muchas veces mas allá, en la total ignorancia del fotógrafo incluso.

Lo “jodiondo” (o sea, aquello jodido que además huele mal, muy mal) es que uno de tanto leer lo que hace y lo que no hace, piensa poco y cede cada día mas el “acierto” a los acertantes: La fotografía siempre se escurre entre las plaquitas del diafragma o, como dijo el Sr. Nietzsche “Los hombres laberínticos no buscan la verdad, buscan su Ariadna”

 

Sueños de Ariadna

El batir del sueño es toda mi mente.
Soy mi ritmo. Ovillo mi madeja
más y más profundo en el laberinto
para hallar la unión de los caminos,
para hallarlo antes de que el héroe encuentre
al prisionero del Laberinto,
al horror coronado de cuernos al fin
de todos los corredores, mi amigo.
Lo guío lejos. Él se arrodilla para pacer
la hierba espesa sobre la tumba
y la luz se mueve entre los días.
El héroe encuentra un cuarto vacío.
Busco mi ritmo. Bailo mi deseo,
saltando los anchos cuernos del toro.

Ursula K. Le Guin, The Twins, the Dream

Arquit-eutis —Serie— E.C. (arquitectura)

De la serie de arquitectura que siempre está rondando por aquí.

De esa, quizá aparentemente extraña pero fundada, relación entre el lenguaje de la arquitectura y el de la fotografía.

De cómo se organizan los sintagmas de grises y las geometrías en una fotografía.

Del placer de poder ser cómplice de todo esto.

Cabo Malgrit: La ensenada del tuerto

El “Cabo Malgrit” no existe. Es un lugar nacido accidentalmente al medir el grosor de una foto. Como las fotos son tan delgaditas, su canto no mide casi nada, y es por eso por lo que depositamos allí su tiempo, su historia: lo hacemos para llenarlo, para saber de algún modo que algo puede ocurrir.

Ahí, justo en la leve estrechez del canto, con habilidad, podemos depositar unas gotitas de tiempo: el tiempo del que una fotografía nunca dispone por la extrema rapidez con que se capturó.

Por eso algunos fotógrafos necesitan tanto tiempo para decir que han hecho una foto; por eso se empeñan luego en “revelarlas”.

Cabo Malgrit es un lugar por y para la magia, donde las fotografías narran historias sin personajes ni finales…ni  principios que nadie recuerde.

Cabo Malgrit NO existe. Cabo Malgrit ahora ya existe.

Cabo Malgrit es un lugar donde cualquier historia se escribe solamente en futuro anterior. Es la Ensenada de un Tuerto que hacía fotos con su único ojo y que, aterrado por la ceguera que le producía su propio espejo durante la toma, inventó una historia para llenar la rápida oscuridad de ese singular momento.

“12:15 Fiesta en la Playa”: narrativa y fotografía

La Narrativa Fotográfica y las disquisiciones que plantea siempre, es uno de mis temas recurrentes a la hora de pensar/hacer fotografías.

¿Existe una narrativa específicamente fotográfica?

Las respuestas a esta pregunta son tan variadas como contradictorias y ,en cualquier caso, llenas de matices muy interesantes.

Desde un punto de vista ontológico, lo mas indicado sería considerar que NO, que no hay narrativa alguna en una fotografía. O, al menos, que no la hay en esencia.

Pero si que hay una herencia relacionada con esa pregnancia de lo “real” en una imagen fija, que parece sugerir un cierto indicio sobre “una historia”, sobre su huella en la fotografía.
Quizá la influencia de la sintaxis aplicable a los textos, se filtre también de algún modo en la “retórica” de una imagen.
O quizá se trate de ese resorte profundamente arraigado en nuestra psiqué que nos impele a fabular necesariamente narraciones: no soportamos pensar o sentir que “NADA ocurre”. Tampoco frente a una imagen fija.

En esta fotografía de abajo he tratado de reunir algunos factores que creo interesantes para ilustrar (este texto y los textos en general lo requieren) algunos elementos clave en mi opinión sobre este asunto.

Pero nada de esto parece intrínsecamente fotográfico…no en esencia, insisto.

Una foto no es (aunque lo parezca casualmente) el pasado. Tampoco es, ni mucho menos, presente alguno. Y tampoco es futuro. Pero quizá, y si algún tiempo verbal es aplicable a la fotografía, ese sea curiosamente el futuro anterior.

¿Una narración tendría sentido cuando se conjuga exclusivamente en futuro anterior…?

Una fotografía, que es en realidad un objeto impregnado de una suerte de huella de la realidad, en cuya toma el tiempo tiende a cero (levedad/brevedad de la exposición), cuyo proceso se dilata indefinidamente ,su contemplación es siempre un descubrimiento reciente y sobre cuya apariencia se tiende a elaborar/fabular una historia, parece tener una etiología cuando menos curiosa y muy específica.

Mi sospechas giran entorno a una sintaxis específica que entronca directamente, y sin que medie la razón, con un indescriptible torbellino de afectos no alineados en el tiempo. Lejos por tanto de esa narrativa propia de los textos que son lineales y temporales “per se”.

Quizá, y aunque pueda sonar pretencioso, podemos escrutar en la imagen fija una nueva estructuración, una nueva dialéctica de los mensajes, lejos de servidumbres históricas para con los textos, y con un poder narrativo extrañamente atemporal, activo, dinámico y peculiarmente mutante.

Mientras la realidad de los textos parece descansar fuera de ellos mismos (por eso usan las imágenes como soporte de “certeza”), las imágenes fijas son totalmente autónomas y portadoras seguramente de relaciones intratextuales potencialmente capaces de generar realidades: El vector del significado se invierte extrapolando algunas afirmaciones de Flusser.

(…)