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Los sueños de Bóreas

En ocasiones, el capitán, tras largas noches de insomnio en la cubierta y siempre justo al amanecer, se quedaba como flotando en la bajamar entre los retazos de sus sueños. Las sombras parecían tomar formas caprichosas sobre las aguas, y dibujaban bailes entre los bajíos. Extraños seres brotaban cerca de la popa, seres que bailaban. Pero detrás, siempre al fondo, una silueta destacaba rozando el horizonte: siempre una roca como vestida de ballena.

Él los llamaba “Los ahogados de Bóreas”, marineros muertos flotando tras las arremetidas del diabólico cetáceo blanco. Una y otra vez “Ellos” poblaban las imágenes de sus amaneceres de piedra.

Aquella misma tarde, el zapatero le había hecho llegar su última postal. Una postal que parecía haberse impreso, de forma extrañamente precisa, desde aquellos duermevelas del capitán.

Fragmento de “Postales de un zapatero veneciano”

 

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