logo

Epílogo: uno

El mordiente de la costa apareció por sorpresa. Todo el velamen al descubierto. La ballena había tomado rumbo 270 O . Desventados y al garete. Las dos bolas negras subían ya por el trinquete en la misma driza.

Inundado de miedo y de deseo, miró hacia aquella fantasmática silueta una vez mas, y una frase le vino a la memoria. La frase con la que encabezaba su primera carta postal el artesano veneciano: “Todo el resto es silencio”

Alguien le dijo, años después, que la tragedia del Principe de Dinamarca termina su inagotable monólogo de ese mismo modo.

“…mucho puede ser dicho. Todo el resto es silencio” balbuceó clavando firmemente su empapada prótesis sobre la cubierta.

Las rocas se alejaban ya de la amura de babor; la ballena se sumergió; el viento quedó en calma.

¡Bienvenido al mundo de los vivos, capitán!

El capitán permaneció en silencio…

Escribir comentario

*