Archivos para el tema 'mar'

04octLos bóreas en la Cala del Plomo

Según se recoge en algunos apuntes manuscritos de Speak y Burton, antropólogos y geógrafos que descubrieron y nombraron las Montañas de la Luna, la etnia “bóreas” es la responsable de los vientos de invierno que llegan del Norte a los arenales del Cantábrico.
De uno de sus cuadernos de viaje —concretamente del que Burton dedicó a los autrigones— extraemos esta instantánea atribuida a una supuesta danza que los bóreas escenifican anualmente convocando esos vientos en escondidas calas justo tras el verano.

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01junBoréadas: Simi

“…l’image photographique considérée comme construction réceptive n’est pas stable. Elle possède un nombre indéfini d’états, dont chacun est caractérisé par le point qu’il occupe le long d’une ligne continue”

“…la imagen fotográfica en calidad de construcción receptiva, no es estable. Posee un número indefinido de estados, caracterizados cada uno de ellos por un punto que ocupa en una línea continua bipolar tendida entre el índice y el icono

Jean-Marie Schaeffer

*Extraído de “La Muerte desenfocada” Jacques Terrasa

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14abrFue en Siguanea…

[…] Un ruido estremecedor, hueco, como de arrastre rasgado de la orza le hizo saltar del catre en la negrura. Pisó la cubierta y sintió una fuerte guiñada que le hizo perder el equilibrio mientras alcanzaba casi por puro azar la piel untuosa del salitre en el timón: giraba ya desbocado advirtiendo su derrota.

Otro bandazo y de nuevo se rasgó el viento en un alarido de la popa contra el arrecife. Centelleando sobre las olas y perdiendo sitio en el agua de babor, cabeceo y partió con un quejido el rumbo.

El aire negro, la mar un suspiro de marejadas alzándose en desquiciados lengüetazos sobre la cubierta vestida con harapos empapados de la vela mayor, cabos, marrollas, el winche chirriando cantos enloquecidos traídos desde el génova. La proa clavada, negra también, bajo la mar…

Frente a Playa Larga, rumbo 270º, Oeste, la madrugada antes de llegar. […]

No, ni es una playa en Siguanea, ni es la Isla de Pinos, la Isla de la Juventud, en Cuba…es otra ensenada, la Ensenada del Tuerto quizá.

A veces se recuerda una historia y uno la cuenta de nuevo. Y la historia cambia y se viste de las luces de otras playas…y despierta tras aquella noche ya casi olvidada, extraña. Despierta en otra playa.

Una fotografía, solo a veces es capaz de aguardar una historias sin contarla siquiera. Quizá sea esa la cosa: una fotografía espera una historia, no la cuenta.

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08marLlegar a donde no esperabas ir: Susan Meiselas

Encuentro una recopilación de escritos variados en la nueva (renovada) página de Zonocero en referencia al libro “La educación de un fotógrafo” por Charles H. Traub, Steven Heller, y Adam B. Bell. Me quedo muy especialmente con esta cita de Susan Meiselas:

“Debemos encontrar maneras de llevar a la gente a un lugar a donde no espera ir”

Encuentro una resonancia especial —muy modestamente punzada, por supuesto— con este último trabajo, y me decido a colgarlo en el blog junto con esta historia —seguramente mas leyenda que realidad en un sentido estricto—, que recordé al ir revelando la toma en el editor: llegué por tanto “a donde no esperaba ir”

La fotografía es esta:

…y esta es la historia (insisto en su carácter decididamente “legendario”) traída de Wikipedia:

“Según ha llegado hasta nosotros a través de los escritos y la tradición oral, el relato dice así: a mediados del siglo XVII en el pueblo de Liérganes, en Cantabria había una pareja, Francisco de la Vega y María de Casar, que tenían cuatro hijos. Francisco falleció y la viuda mandó a su hijo Francisco a Bilbao a aprender del oficio de carpintero.

Estando en Bilbao, Francisco se fue a nadar el día antes de San Juan, en el año 1674, con unos amigos pero llevado por la corriente, éste desapareció y no se volvió a saber mas él. Solo cinco años después, en 1679, en Cádiz, unos pescadores afirmaron ver un ser acuático pero con apariencia humana que desapareció rápidamente. Esta aparición se repitió constantemente hasta atrapar a la criatura con trozos de pan y unas redes. Una vez capturado pudieron constatar que se trataba de un hombre, con escamas y forma de pez.

Entonces fue llevado al convento de San Francisco donde fue interrogado para saber de quien se trataba y al cabo de un tiempo consiguió tartamudear una palabra: “Liérganes”. Nadie sabía que significaba, hasta que una persona de Cantabria que estaba trabajando en Cádiz, comentó que en Cantabria había un pueblo que se llamaba así. También Don Domingo de la Cantolla, secretario del Santo Oficio de la Inquisición, confirmó dicha afirmación ya que él era de allí.

A continuación, llegó la noticia a Liérganes para averiguar si había pasado algo extraño en los últimos años y desde Liérganes respondieron que únicamente se había registrado la desaparición de Francisco de la Vega, cinco años atrás. Entonces Juan Rosendo, un fraile del convento, acompañó a Francisco hasta Liérganes para comprobar si era cierto que era de allí y a la altura del Monte de la Dehesa, Francisco se adelantó y fue directamente hasta la casa de María de Casar, que rápidamente lo reconoció como su hijo.

Ya en casa de su madre, Francisco vivió tranquilo sin mostrar ningún interés por nada. Iba descalzo y a veces desnudo y no hablaba apenas. A veces estaba varios días sin comer pero no mostraba entusiasmo por nada. Después de nueve años en casa de su madre, desapareció en el mar sin volver a saberse nada sobre él”

Hay, potencialmente al menos, una narrativa en la fotografía que mama directamente del lenguaje icónico de los sueños y de la prosodia de sus colores, sus brumas y sus “olvidos”. Esta, haciéndola consciente en parte, es capaz como dice Susan Meiselas de “…encontrar maneras de llevar a la gente a un lugar a donde no espera ir”

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13dicLemnos y la Calma

Entre las deidades griegas y sus arquetipos humanos, siempre quise rescatar a Hefesto —el romano Vulcano— como personaje mitad mago, mitad alquimista tan parecido a los fotógrafos que conocí al principio: allá por los años ’80.

Wikipedia, Hefesto:
” Hera, mortificada por haber parido tan grotesca descendencia, no tardó en arrojarlo del Olimpo. Hefesto cayó durante nueve días y noches hasta el mar, donde como él mismo cuenta en la Ilíada3 dos diosas del mar, la nereida Tetis (madre de Aquiles) y la oceánide Eurínome, lo recogieron y lo cuidaron en la isla de Lemnos, donde creció hasta convertirse en un maestro artesano. ”

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Citas

• Es mas fácil hablar de “secreto de las imágenes” que saber en cada momento de qué tipo de “secreto” se trata.

• “La cámara negra” es la prótesis tecnológica que el ser humano ha sabido adaptar mas eficazmente a sus necesidades psíquicas de asimilación del mundo.

Serge Tisseron

"Sintaxis para una Escala de Grises" © 2006/2011 Joseba Bengoetxea / Todos los derechos reservados

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