Las playas del Cantábrico, en bajamar, descubren las mas lujosas salas de exposición de esculturas vivas.
Fotografiar este silencioso espectáculo le hace a uno usar la cámara con parsimonia y respeto, como ante un gran templo abierto al viento.
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Etiquetas: fotografía digital, paisaje


3 comentarios
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17 Agosto 2008 a las 22:48
emiliohm
¡Qué hermoso lugar y qué maravilla de imagen! Un granito de arena más que añado a mis ganas de viajar algún día al norte del país. Un abrazo
18 Agosto 2008 a las 14:01
Joseba
Emilio, deberíamos poder “intercambiar mares” a voluntad…eso estaría mucho mejor que la red…¡jius!
No dejes de venir. Tanto en Euskal Herria como en toda la cornisa cantábrica hay tesoros esparcidos que aún nos pertenecen a todos: la arena —menos mal— no tiene dueños con papeles.
Confío yo también en poder ver las vuestras cuanto antes.
Un abrazo.
2 Septiembre 2008 a las 9:37
Txala
Acabo de descubrir, como dice el compañero, este hermoso lugar, repleto de <> fotográficos que por si solos merecen el retorno: pero, el acompañamiento reflexivo lo hacen imprescindible.
Una abrazo y hasta pronto,