Escape de Mar

Las playas del Cantábrico, en bajamar, descubren las mas lujosas salas de exposición de esculturas vivas.
Fotografiar este silencioso espectáculo le hace a uno usar la cámara con parsimonia y respeto, como ante un gran templo abierto al viento.

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¡Qué hermoso lugar y qué maravilla de imagen! Un granito de arena más que añado a mis ganas de viajar algún día al norte del país. Un abrazo

Emilio, deberíamos poder “intercambiar mares” a voluntad…eso estaría mucho mejor que la red…¡jius!
No dejes de venir. Tanto en Euskal Herria como en toda la cornisa cantábrica hay tesoros esparcidos que aún nos pertenecen a todos: la arena —menos mal— no tiene dueños con papeles.

Confío yo también en poder ver las vuestras cuanto antes.

Un abrazo.

Acabo de descubrir, como dice el compañero, este hermoso lugar, repleto de <> fotográficos que por si solos merecen el retorno: pero, el acompañamiento reflexivo lo hacen imprescindible.

Una abrazo y hasta pronto,