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El capitán Ogoño

“El capitán Ogoño” © J. Bengoetxea 2004

Viejos galeones vascos con su branque hundido entre las nubes…no es zozobra la suya, es navegar del revés.

Son historias de la inédita biblioteca de postales —fotografías— que un zapatero veneciano enviaba al capitán del Essex. En realidad están remitidas al capitán Ahab, no a George Pollard, Jr. En todo caso, hay pruebas documentales fehacientes de que llegaron a su destinatario…fuera el uno o el otro.

El Essex naufragó el 20 de noviembre de 1820. Dicen que tres supervivientes alcanzaron isla Henderson (…actualmente atestada de plásticos) y, una semana después, agotaron sus reservas de tabaco, lo que produjo escaramuzas sangrientas mientras iban estrechando sus días.

Y no es cierto el dato de que la fotografía no existía en tiempos del Essex. ¡Otra falacia mas de la historia!

En la mar. Nube no sola

“En la mar. Nube no sola” © J. Bengoetxea 2018

El istmo, la península. La isla de los lotófagos

“El istmo, la península. La isla de los lotófagos” © J. Bengoetxea

El sueño extraño de Heródoto

“El sueño extraño de Heródoto” © J. Bengoetxea 2015 / Relatos de verano

Castillos de arena entre dos mares y el cielo.

Lo Real es el acto fotográfico, la realidad es la fotografía. Los fotógrafos habitan, sin solución de continuidad, entre lo real y la realidad. El tiempo verbal de lo real es el presente; la realidad habita siempre en un pasado elaborado que se proyecta en el futuro. Es ésta incertidumbre lo que dota a la fotografía de su poder de revisión, de reelaboración constante.

Cuando hacemos una fotografía no pensamos que algo ocurre, sino que “algo habrá ocurrido contemplado desde el futuro”, cuando la fotografía sea vista. Es como intervenir el presente desde un futuro proyectado. No es el pasado el que se imprime en una foto, sino la ensoñación de un acto presente proyectado en el futuro. Por tanto, el acto fotográfico no se alza sobre ninguna realidad acontecida, sino sobre una suerte de conjuro constructivo del fotógrafo. Lo único real es el acto (fotográfico), y ese acto no puede ser descrito ni conceptualizado.

No tengo ni la menor idea de si esto que digo tiene sentido alguno analizando conceptos —real/realidad— desde Kant, Lacan o cualquier otro pensador que lo haya tratado con intensidad y lucidez, pero “intuyo” —solamente intuyo— que, en fotografía, hay muchos distingos de este tipo que convendría revisar para aclarar tanta confusión. Filosofía, poesía, y hasta ciencia en el sentido menos tecnocrático del término…esta es “la película” de la que trata La Fotografía.

Qué tipo de cuestionamiento se hubieran hecho sobre la realidad y lo real Platón, Aristóteles… O, mejor dicho, qué diferencia hay entre la historia contada por Heródoto y la que documenta hoy el New York Times con fotografías. O qué impacto tendrá/habrá tenido sobre ello la fotografía.

En cualquier caso sospecho que la incertidumbre sobre Lo Real, es el material sobre el que trata la Fotografía en esencia.

P.D. Como dirían ahora los científicos, la realidad no existe hasta que es contemplada por lo real. Y la fotografía faculta esa contemplación sin que podamos describir ese Proceso ya que somos parte de él.

Oteiza dijo que había que investigar un objeto hasta encontrar el vacío que lo describe.

El mirador…el que mira

“El mirador…el que mira” © J. Bengoetxea 2018

Ruido blanco; felonía marina

“Ruido blanco; felonía marina” © J. Bengoetxea 2018

Fotografiar la realidad es transformarla en un fantasma: un momento detenido donde todo es posible.
Y así perdurará siempre —…como un fantasma— porque nada sucede.

Pero no nos dejemos llevar por aquel ruido inconcluso de cadenas. Solamente el fotógrafo sabe del fantasma y de la felonía que lo devora.

Historias de la esfera rota

“Historias de la esfera rota” © J. Bengoetxea 2009

Capricho azul: puertoescondido

“Capricho azul: puertoescondido” © J. Bengoetxea 2015

B488, Olatua

“B488, Olatua” © J. Bengoetxea 2016

Luz líquida. Alarabi

“Luz líquida. Alarabi” © J. Bengoetxea 2007

Alarabi —también conocido como Tartalo— nunca había visto la mar.

Lanzaba piedras enormes a los montes próximos y esperaba, siempre atento, el eco del golpe. Un día, lanzó una roca tan lejos, que la perdió de vista. Tras un tiempo mayor que el usual, le llegó un extraño eco. Quedó perplejo y quiso saber dónde había caído. Aquel día descubrió tras el último monte una extraña llanura de hierva líquida de color azul. Pensó que era una alucinación, quizá un error de su vista: tenía un único ojo y, de cuando en cuando, sospechaba que él no veía los que veían los demás…Quedó fascinado.

Meses después se pudo leer esto en el interior de una de las cuevas de Muski:

"lo que veo sólo es el eco de un gran chorro de luz que se estrelló en el agua de un mar que se agita dentro mi propio ojo. Mi condena es el regalo de un paisaje único, ese que mi único ojo me enseña en ausencia de otro ojo que lo desmienta…"

Continuaba con frases incomprensibles y garabatos confusos.

 

Nota: la fotografía adjunta es una reproducción digital extraída de un cuaderno de anotaciones recuperado de una cueva de Muski en 2007