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narrativa fotográfica

Bajamar en la ensenada de los peces—pájaro

Bajamar en la ensenada de los peces—pájaro” © J. Bengoetxea 2012

Existe una suerte de alquimia en fotografía que hace que la forma, a veces, sorprendentemente, se presente arrebatada de lo casual relatando por sí misma una “microhistoria”. Esto siempre suscita la sospecha sobre la construcción de la mirada.

Parece errático y poco razonable intuir que la mirada (fotográfica) no es tanto una actitud consciente, como la consecuencia de un proceso que nunca es voluntario cuando “pincha”, cuando “punza” (Barthes), sino que ocurre un momento antes de sernos “revelado”. Sin duda, un secreto que nos elige de algún modo, y del que nunca somos actores, sino espectadores casuales.

Los fotógrafos son oficiantes, no creadores. Los secretos —tan escasos siempre— les traspasan, no les pertenecen.

“La Guerra de los Mundos”

“La Guerra de los Mundos” © J. Bengoetxea 2017

Era ayer, casi al atardecer. Pasear por Bilbao quizá se haya convertido en un quehacer alucinógeno que puede llegar a activar zonas de la corteza prefrontal que solo las “plantas de poder” saben alcanzar, estados alterados de conciencia seguramente…

Una gran masa de cristal en forma de monolito piramidal se cernía sobre la capital a la altura de Abandoibarra, un poco mas arriba. La estructura, plagada de lucecitas interiores y con aspecto de carecer de tripulantes, aplastaba literalmente las casas…y absorbía su luz produciendo un gran apagón en la zona. No parecía emitir rayos de calor ni gases venenosos. Concentraba en su interior toda la energía disponible a su alcance, LA HACÍA SUYA…o eso quiso pensar mi turbada conciencia. Luego me adentré en su interior por una enorme pasarela acristalada de proporciones desconocidas para mí. Había entrado ya muchas veces, pero jamás en ese estado de conciencia. Tiempo después me vi de nuevo andando debajo de las columnas del Zubiarte. Todo parecía haber vuelto a la normalidad y mi reloj se había detenido mas de dos horas quizá. No tengo conciencia ni recuerdo alguno del tiempo que estuve en su interior.

Recordé, parado en un semáforo, la historia que Orson Welles contó en la radio a los americanos el 30 de octubre de 1938 y, aún perturbado seguramente, quise pensar que aquel programa de radio continuaba emitiéndose en el mismo centro de Bilbao casi ochenta años después.

¡ Es la Guerra de los Mundos !

 

Diente de dragón; el árbol; tormentas

“Diente de dragón; el árbol; tormentas” © J. Bengoetxea 2009

Al anochecer, en octubre: uno tras otro… los temporales de otoño.
¿El árbol había sido testigo del suceso que hizo que la roca le señalase?
¡¡Los dos!! Nunca supieron nada el uno del otro…

La mar y el viento empujan en la misma dirección. ¡Tampoco se conocieron nunca!

En esta misma ensenada, ya tiempo después, le conté a mi hijo una historia de un dragón que perdió un diente en una batalla larguísima sobre las olas. Su diente cayó y quedó clavado en la arena.

El dragón nunca venció a la tormenta. Protegió al árbol. El protagonista de ésta fotografía es un dragón.

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La mujer del Comepecados

“La mujer del Comepecados” © J. Bengoetxea 2016

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No sé si fue en la mar

“No sé si fue en la mar” © J. Bengoetxea 2015

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El Señor de las Hojas

“El Señor de las Hojas” © J. Bengoetxea 2015

El tiempo obtura tras la ventana mientras rompe la condena de quietud de la piedra muda, oscura: nace, al fin, El Señor de las Hojas.

elseñordelashojas

 

Otoño entre las tablas

“Otoño entre las tablas” © J. Bengoetxea 2015

Claro que Malgrit estaría de nuevo dormitando esa tarde en la caseta pintada, pero él nunca tuvo mas certeza que el alabeo de aquellas cañas.
Había llovido poco. El otoño este año sería de azul y bronce…un otoño de cañas entre los dientes, de arena entre las páginas, de espera, de viento pesado en la espalda.

¡No quiso esperar mas!
Espejos de otoño.

otoñoenlaplaya

Mar tendida

“Mar tendida” © J. Bengoetxea 2015

La mar se acuesta sobre sí misma y sus olas son como los recuerdos: cada día mas anchos, cada día mas bajos.
Olas que provienen de vientos que hace ya mucho tiempo dejaron de soplar. Mar tendida…

puertoescondido

Cuervo blanco

El sueño oscuro del cuervo blanco. O, mejor, sólo una fotografía casual…La gaviota sólo estuvo ahí porque, por casualidad, yo la miraba desde el suelo.

Dicen las leyendas antiguas que el cuervo era una especie de mensajero iniciático. Y que el cuervo era blanco hasta que el dios griego Apolo lo maldijo por traerle malas noticias.

Una fotografía siempre es, de algún modo, antídoto contra los falsos profetas. No porque sea portadora de lo real, sino por ser la mensajera de la verdad…como el cuervo blanco. Apolo nunca podrá maldecir a todos los cuervos y transformarlos en cuervos negros, ¡no podrá!

cuervoblanco

El vacío de Hidra

“Tres, cinco o nueve; hasta cien, e incluso diez mil cabezas…”

Solo duró un instante, pero Hidra, al fin, se disolvió.
Quedaba el rastro de esas pequeñas gotas trazando espectros, confusas  desde el vacío del aire que ocupó. Un inmenso abismo dando la vuelta al cielo.
Describían su ausencia. Desmintieron su presencia: la hicieron eterna al fin.

Huele a salitre. Ella se había ido. Hidra Nunca existió.

Yo a mi hijo le cuento cuentos; a mi hijo le hago fotos.

hidra