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Roca negra

“Roca negra” © J. Bengoetxea 2012

No sé dónde leí que “la imagen retiene el alma, pero pierde el cuerpo”…y tampoco sé si es cierto.

Paisaje sencillo: postales para el capitán Ahab

“Paisaje sencillo: postales para el capitán Ahab” © J. Bengoetxea

“La locura humana es frecuentemente la cosa más astuta y felina que haya. Cuando usted cree que se ha ido, no ha hecho más que transformarse en una forma áun más sutil.” MobyDick​ / Herman Melville 1851

mar antiguo sin gobierno

“mar antiguo sin gobierno” © J. Bengoetxea 2015

[…]

Ojalá merezcamos no tener gobierno, en ningún país del mundo. Acaso un mínimo de gobierno… (Jorge Luis Borges)

Pizarra de otoño marino

“Pizarra de otoño marino” © J. Bengoetxea 2015

Imago. Bahía Nemo

“Imago. Bahía Nemo” © J. Bengoetxea 2017

…agosto. Verano de 2017. Por dos veces en poco menos de media hora vimos cómo emergía su torreta inconfundible en la bahía. Llovía fuerte y un cormorán pescaba incansable muy cerca de la orilla. Un cormorán de alas negras.

Capricho azul: puertoescondido

“Capricho azul: puertoescondido” © J. Bengoetxea 2015

arco—íris de Espuma: el pez—almizcle

“arco—íris de Espuma: el pez—almizcle”  © J. Bengoetxea 2012

Bajamar en la ensenada de los peces—pájaro

Bajamar en la ensenada de los peces—pájaro” © J. Bengoetxea 2012

Existe una suerte de alquimia en fotografía que hace que la forma, a veces, sorprendentemente, se presente arrebatada de lo casual relatando por sí misma una “microhistoria”. Esto siempre suscita la sospecha sobre la construcción de la mirada.

Parece errático y poco razonable intuir que la mirada (fotográfica) no es tanto una actitud consciente, como la consecuencia de un proceso que nunca es voluntario cuando “pincha”, cuando “punza” (Barthes), sino que ocurre un momento antes de sernos “revelado”. Sin duda, un secreto que nos elige de algún modo, y del que nunca somos actores, sino espectadores casuales.

Los fotógrafos son oficiantes, no creadores. Los secretos —tan escasos siempre— les traspasan, no les pertenecen.

Luz líquida. Alarabi

“Luz líquida. Alarabi” © J. Bengoetxea 2007

Alarabi —también conocido como Tartalo— nunca había visto la mar.

Lanzaba piedras enormes a los montes próximos y esperaba, siempre atento, el eco del golpe. Un día, lanzó una roca tan lejos, que la perdió de vista. Tras un tiempo mayor que el usual, le llegó un extraño eco. Quedó perplejo y quiso saber dónde había caído. Aquel día descubrió tras el último monte una extraña llanura de hierva líquida de color azul. Pensó que era una alucinación, quizá un error de su vista: tenía un único ojo y, de cuando en cuando, sospechaba que él no veía los que veían los demás…Quedó fascinado.

Meses después se pudo leer esto en el interior de una de las cuevas de Muski:

"lo que veo sólo es el eco de un gran chorro de luz que se estrelló en el agua de un mar que se agita dentro mi propio ojo. Mi condena es el regalo de un paisaje único, ese que mi único ojo me enseña en ausencia de otro ojo que lo desmienta…"

Continuaba con frases incomprensibles y garabatos confusos.

 

Nota: la fotografía adjunta es una reproducción digital extraída de un cuaderno de anotaciones recuperado de una cueva de Muski en 2007

Diente de dragón; el árbol; tormentas

“Diente de dragón; el árbol; tormentas” © J. Bengoetxea 2009

Al anochecer, en octubre: uno tras otro… los temporales de otoño.
¿El árbol había sido testigo del suceso que hizo que la roca le señalase?
¡¡Los dos!! Nunca supieron nada el uno del otro…

La mar y el viento empujan en la misma dirección. ¡Tampoco se conocieron nunca!

En esta misma ensenada, ya tiempo después, le conté a mi hijo una historia de un dragón que perdió un diente en una batalla larguísima sobre las olas. Su diente cayó y quedó clavado en la arena.

El dragón nunca venció a la tormenta. Protegió al árbol. El protagonista de ésta fotografía es un dragón.

dientededragon