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Sobre nubes y banderas

“Sobre nubes y banderas” © J. Bengoetxea 2009

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Memorias de luz

“Memorias de luz” © J. Bengoetxea 2013

…ensenadas para un atardecer tuerto.

Perdió su memoria con su ojo anterior, pero recordaba —aún— cómo veía con ambos. Tarde tras tarde acudía, solo, a la ensenada a imaginar los colores que ya no tenían nombres para él, colores de una memoria ciega de palabras. Memorias de luz.

A veces El Tuerto hacía fotografías allí…casi sin luz.

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Rincones escondidos: Markina

La luz de tarde hace del pasillo un hechizo que te hace transitar “al otro lado”

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Zugazarte, un paseo con luz de tarde

Todos los que vivimos mas o menos cerca conocemos la preciosa luz del paseo de Zugazarte al atardecer, pero es menos común poder fotografiar cómo se cuela esa luz dorada, con sabor a mar, por los ventanales de algunas de sus casas. Quizá este sea un buen ejemplo.

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Fue en Siguanea…

[…] Un ruido estremecedor, hueco, como de arrastre rasgado de la orza le hizo saltar del catre en la negrura. Pisó la cubierta y sintió una fuerte guiñada que le hizo perder el equilibrio mientras alcanzaba casi por puro azar la piel untuosa del salitre en el timón: giraba ya desbocado advirtiendo su derrota.

Otro bandazo y de nuevo se rasgó el viento en un alarido de la popa contra el arrecife. Centelleando sobre las olas y perdiendo sitio en el agua de babor, cabeceo y partió con un quejido el rumbo.

El aire negro, la mar un suspiro de marejadas alzándose en desquiciados lengüetazos sobre la cubierta vestida con harapos empapados de la vela mayor, cabos, marrollas, el winche chirriando cantos enloquecidos traídos desde el génova. La proa clavada, negra también, bajo la mar…

Frente a Playa Larga, rumbo 270º, Oeste, la madrugada antes de llegar. […]

No, ni es una playa en Siguanea, ni es la Isla de Pinos, la Isla de la Juventud, en Cuba…es otra ensenada, la Ensenada del Tuerto quizá.

A veces se recuerda una historia y uno la cuenta de nuevo. Y la historia cambia y se viste de las luces de otras playas…y despierta tras aquella noche ya casi olvidada, extraña. Despierta en otra playa.

Una fotografía, solo a veces es capaz de aguardar una historias sin contarla siquiera. Quizá sea esa la cosa: una fotografía espera una historia, no la cuenta.