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“Postales de un zapatero veneciano”

Pero, ¿quién es el “zapatero veneciano”?

¿…y sus postales? ¿Son auténticas, o todo es una fabulación azarosa?

¿Existe Porto Nascosto? Los cheilopong y los peces voladores ¿…Carapachibey o Calasinmar?

Un sello de lacre encontrado por casualidad en la reforma de un antiguo taller de zapatería veneciano parece acreditar, definitivamente, todos los indicios: un zapatero veneciano de mediados del siglo XIX mantuvo una larga relación postal con el atribulado capitán Ahab. Aquel que Melville construyó en nuestras memorias. 

¡…sí!, una cajón lleno de collotipias —postales de la época— lo atestigua. Y el lacre con el que el zapatero marcaba todos sus envíos, lo acredita.

Stai attento!!

Casi como los obenques de un velero, las historias son líneas que atraviesan la niebla suspendidas en el aire. Pero siempre dibujan a sus pies ramas entrecruzadas con el tronco fuera de la fotografía. Ramas que se tejen mientras las fotografías, casi vivas, se revelan.

Esta historia es una de esas ramas en la niebla que te dejan saltar de una fotografía a otra como en una rayuela, como si jugásemos a la gallina ciega. Encontramos el obenque, el cabo…e inmediatamente es tragado por una ballena blanca y desaparece en medio de la niebla: la ballena del Essex quizá…o aquella del capitán Ahab.

Esta historia comenzó cuando, en la reforma de un antiguo taller aparecieron, por fortuna, unas collotipas —postales de la época en italiano— que un zapatero veneciano enviaba, al parecer, al capitán de un ballenero del siglo XIX.

Si no fuese por el sello de lacre que se encontró en el suelo, sobre una vieja arpillera, sería imposible acreditar su autenticidad. Ahora ha llegado el tiempo de dar a conocer la historia de las “Postales de un zapatero veneciano”

La ballena. Bitáforas

“La ballena. Bitáforas” © J. Bengoetxea 2011/18

Capitán, solamente su propio fantasma sabrá sanarle, será su propia locura. Porque para eso surgió un día de entre aquellas procelosas aguas. Para evitar que su arpón se clave una y otra vez en su lomo blanco, ¡en su propia espalda, capitán! No hace falta, no la persiga. Le alcanzará y volverá a arrancarle de cuajo ese trozo de madera blanca en el que su pierna se estrecha…Ya sin dolor alguno aunque mil arpones hieran irremediablemente el lomo de esa delgada madera de arce con la que golpea sus tímpanos cada noche al caminar sobre la cubierta. Mientras tanto, ella duerme y respira —sin remedio— en sus propios sueños.

Capitán, escríbame una vez mas. Su ballena blanca tiene la cola unida a la tierra, ¡no tema!

Capitán, mi admirado capitán,
El zapatero

P.D. Fotografiar es jugar a la rayuela y a la gallina ciega, pero un fotógrafo no sabe nunca a cuál de los dos está jugando ahora. 

De “Postales de un zapatero veneciano / Bitáforas”

Extraño sueño en el golfo Argólico

“Extraño sueño en el golfo Argólico” © J. Bengoetxea 2012

Si había alguna pesadilla recurrente que habitara entre las cuadernas del camarote del capitán, esa era la de Hidra de Lerna. Tantos inviernos ya sin calafatear su nave en el golfo de la Argólida…Allí soñó, por primera vez, la negrura de las olas que quedaban suspendidas entre las nubes: no eran marejadas del viento sino, según sentenciaban sus sueños, “extrañas mares que provenían de las interminables escaramuzas entre Hidra y su ballena blanca“.

De “Postales de un zapatero veneciano”.

Collotipias desde Porto Nascosto

“Collotipias desde Porto Nascosto” © J. Bengoetxea 2010/18

Para un zapatero con establecimiento en Venecia, era relativamente sencillo en la época hacerse con los componentes para elaborar collotipias en la trastienda de su taller. Esas que, después, enviaría a Ahab, y que fueron recientemente descubiertas en un pequeño puerto al abrigo de los temporales del noroeste. Una entrada estrecha que solamente permitía el paso a las naves en bajamar.
Como un estenopo de mar solamente practicable para cíclopes…marinos tuertos y cojos, mancos o mudos: esas “raleas” que huían de los puertos mas frecuentados de la época.
Una bahía estrecha enmarcada por rocas y bajíos. Un MARCO relleno de agua de mar. El mismo agua que fijaba las imágenes del zapatero sobre el grueso papel. ¡Gelatinas de espuma!

Collotipia“Sobre una matriz constituida por una placa de vidrio, se extendía una capa de emulsión fotosensible constituida por gelatina bicromatada, que se sometía a cocción, y después era impresionada mediante contacto con el negativo fotográfico. La gelatina se hacía más insoluble en las zonas transparentes del mismo. De este modo la tinta se absorbía con mayor facilidad en esas zonas transparentes.2

Este procedimiento permitía tirar un número limitado de 500 copias; pues se deterioraba la gelatina durante el proceso de impresión, y se perdía nitidez.

Este sistema se empleó mucho en la impresión de postales.

Wikipedia

Los cheilopogon y la corriente de tornaviaje

“Los cheilopogon y la corriente de tornaviaje” © J. Bengoetxea 2008

El capitán recibía, al menos, una de aquellas postales cada mes. En una de ellas había una amable advertencia del zapatero sobre las supersticiones mas enraizadas en su barco: “los cheilopogon  —“sosowon” en lengua Tao, una variedad de pez volador muy común en aquellas aguas costeras—  no avisan sobre la presencia de cachalotes en la zona según la forma de sus saltos, mi querido amigo…”

En la instantánea que acompañaba sus letras en esa ocasión, podía verse una de las atalayas mas usadas por los Tao para divisar con suficiente antelación a los “cheilopogon”  para poder encender las antorchas que atraerían sus vuelos hacia los catamaranes. 

Los peces voladores no señalan rumbos en los derroteros, capitán…mi recomendación es poner proa lejos de la corriente de tornaviaje cuanto antes.

Skaramujosbey

“Skaramujosbey” © J. Bengoetxea 2018

Ni un solo fondeadero en mil millas a la redonda. Sin viento alguno, ni cerca ni lejos de nada.
Mi barco rasgaba las calmas de agosto con un chirriar contenido, como gimiendo por la estrechez del propio mar. Debíamos alcanzar Skaramujosbey al atardecer. Llegamos con la bajamar.

Ahab, entregado a narrar su propia historia en la bitácora del Pequod, quiso ver también una historia en aquellos curiosos envíos desde Venecia.

Sabido es que, una fotografía (una “collotipia” en el italiano de la época…), jamás cuenta nada, es una imagen generalmente producto de la casualidad, el infortunio o, en el mejor de los casos, de la propia incertidumbre que el aparato fotográfico crea. Un espejismo poblado de siluetas, de sombras que se dejan ver durante las bajamares de la mirada…ese tiempo oculto que transcurre a nuestras espaldas siempre, ese viento de sombras que empuja en nuestras velas.

El capitán derrama tinta fuera de la mesa y elige mirar la luz que traga su escotilla.

(De “Collotipias de un zapatero veneciano”) Antes, postales.
Bitáforas*

Amantillo para una botavara sin viento

“Amantillo para una botavara sin viento” © J. Bengoetxea 2009

De los apuntes de proyectos del zapatero veneciano para mejorar la velocidad de crucero del Pequod en las calmas totales cerca de Pitcairn Islands.

Olas desde el cielo

“Olas desde el cielo” © J. Bengoetxea 2018
(De postales del zapatero veneciano)

[…] Las olas rompían sobre nuestras cabezas. La ballena, ahora, era negra también, como las olas, como su negro espiráculo. Chorros de nubes. Ocurrió el día de las olas negras, el día que las olas caían desde el cielo. […]

El baile de los ahogados del Bóreas

“El baile de los ahogados del Bóreas” © J. Bengoetxea 2009

El Bóreas no recalaba hacía ya meses en Sweetbey. Desde tierra, las noches sin luna de noviembre, los riscos parecían bailar con mares tendidas. Vientos fríos del norte helaban la espera de sus velas.

¿Dónde bailan los ahogados del Bóreas?

 

Carapachibey

“Carapachibey” © J. Bengoetxea

Cerca de Playa Larga, rumbo 270º W. Era casi de noche. Demasiado cerca del arrecife. Viento en popa cerrada, navegando a orejas de burro. Sin luz en el mástil.