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El fotógrafo es —ya— el editor de lo real.

El fotógrafo es —YA— el editor de lo real.

Si entendemos el referente fotográfico (subsidiariamente lo real) como un texto sin puntos ni comas, el momento del disparo será la puntuación y el encuadre será el equivalente al proceso de identificar, como en una sopa de letras, el texto oculto. Así establece la fotografía su valor de signo//símbolo.

Lejos del texto, la imagen fotográfica, no es lineal.

Corresponde de nuevo al que recibe la fotografía (espectador) reeditar: encuadrar y puntuar.

Es por tanto que el objeto de la fotografía, el objeto del acto fotográfico, NO es compartir segmentos de realidad, sino poner de manifiesto la diversidad narrativa que surge cuando la realidad es editada de modo diverso: la diversidad en la puntuación libera nuevos significantes que, a su vez, destruyen la huella de lo anterior en lo real y lo transforman en consecuencia, no en origen.

Cuando todos sepamos leer, el texto comenzará —por fin— a revelarse; triunfará la rebeldía en la mirada y lo real será poseído por el deseo.

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