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Luz líquida

 

La esencia de la fotografía no está en hacer de “descriptor de lo real” —en mi caso al menos—, sino en alzar propuestas sobre los estados de la luz.

Las nuevas concepciones cuánticas del Universo, con toda seguridad, descubren nuevas —y a la vez atávicas— maneras de entender el Acto Fotográfico: ¿Universos probables…? ¿Realidades planas…? Una fotografía que nunca se hizo y, a la vez, se repitió una vez tras otra.

Luz que ilumina lo que pudo haber sucedido pero jamás llegó a ocurrir… salvo tras abrir el obturador de la cámara: es el hecho de mirar/fotografiar algo lo que lo eleva seguramente a la certeza de su existencia.

La fotografía se ocupa de las propuestas, de lo posible, a veces de lo probable, pero siempre lo hace gracias a su complicidad con lo improbable.

Si alguna fotografía no llegó a hacerse nunca, con toda seguridad —y a la vez—, ya está hecha mil veces…en alguna parte.

Por eso no es difícil pensar que, la luz, es “improbablemente líquida”…también. Al menos puede serlo dentro de una fotografía: eso me gusta pensar.