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Sobre el retrato…un apunte

Fotografiar personas es violarlas, pues se las ve como jamás se ven a sí mismas, se las conoce como nunca pueden conocerse; transforma a las personas en objetos que pueden ser poseídos simbólicamente. Así como la cámara es una sublimación del arma, fotografiar a alguien es cometer un asesinato sublimado, un asesinato blando, digno de una época triste, atemorizada.

Sontag, Susan 1980.

Este análisis de Sontag compartido por algunos otros fotógrafos y antropólogos en su esencia, es desde hace ya unos años una tesis que comparto, al menos en su trasfondo mas íntimo.

El retrato es, probablemente, el tipo de fotografía mas difícil de afrontar desde una perspectiva ética para mí, y fuente inagotable de debate.

En los tiempos que corren, al contrario de esto expuesto aquí, el retrato se usa sin “límite alguno”. Es instrumento que los fotógrafos utilizamos con tanta inconsciencia como facilidad.

Las disquisiciones sobre si la fotografía es o no una expresión portadora de narrativa en sí misma o, mas concretamente sobre la apariencia narrativa de una imagen, son, a la vez, la otra pata del banco de este controvertido tema.

Un buen punto de partida quizá podría ser el intento de desligar a la fotografía de ese lastre histórico –…accidental puramente– que la relaciona de un modo indisoluble con el referente sobre el que se alza y con el que , a menudo, se confunde. Joan Fontcuberta lleva años trabajando sobre este aspecto, demostrándolo de un modo juguetón y no exento de una ácida postura ética y artística.

Si alguien se anima a debatir sobre este aspecto, abierta está esta casa para ello.

  1. toni.b

    Buenoo… dificil me lo fiais Sancho, pero estos lances no pueden dejarse sin por lo menos intentar acometerlos…

    También yo le doy mucha razón y sobre todo sentido a las palabras de Sontag. Ya hace tiempo que dejamos de cazar -por lo menos muchísimos de nosotros, no todos- y empezamos a dedicarnos a otros menesteres. Hay algunos de estos quehaceres que nos delatan, que nos hablan de nuestros orígenes más que otros, uno de ellos es la fotografía. Yo lo reconozco: como fotógrafo soy un ladrón y un violador, y con ello consigo no tener vergüenza, cosa que me parece todo un logro. No hay nada peor que intentar aparentar algo que no es. Esto último si que me parece propio de una época triste.

    Al ir escribiendo estas frases a mi cabeza vino una lectura hecha hace ya más de 20 años. En un libro de Ronald Laing -"La política de la experiencia"- el psiquiatra escocés decia: Todos somos asesinos y prostitutas, y no importa a qué cultura, sociedad, clase o nación pertenezcamos, ni lo normal, moral o maduro que uno pueda considerarse. Sontag -centrándose en la fotografia- nos habla de lo mismo.

    El propio Laing me lleva a una ulterior lectura ya olvidada pero que en este contexto toma un redoblado sentido, se trata de unas pocas lineas del Tao Te King que dicen así:

    Cuando se pierde el gran Tao, brota la benevolencia y la justicia/
    Cuando aparece la sabiduria y la sagacidad, surgen grandes hipócritas/
    Cuando las relaciones familiares ya no son armoniosas, tenemos niños filiales y padres devotos/
    Cuando una nación vive en la confusión y el desorden, aparecen los patriotas.

    Espero no ser oscuro en lo que quiero transmitir. A veces no me es posible hacerlo de otra manera que no sea por aproximaciones. Todas estas citas me llevan a unas preguntas en relación a lo que planteas en torno a la fotografia, y en concreto al retrato: ¿no es pues la cuestión fundamental el no perder de vista que siempre el acto fotográfico nos remite a una violencia esencial?, ¿no es pues verdad que solo es a través del reconocimiento de esta violencia que podemos introducir algo que tiene que ver con el respeto al otro, con el hecho de poner límite a nuestra voracidad?

    Me detengo aquí. Un saludo.

  2. emiliohm

    Quizás con el retrato nos atrevemos a mirar de una manera que al natural nunca haríamos. Con la foto en nuestras manos tenemos el poder de analizar hasta el más mínimo detalle de esa persona. Dicho así, retratar parece un ejercicio de cobardía pero puede ser simplemente un ejercicio de pureza humana.
    Ayer precisamente observé con atención cómo mi hija de tres años miraba a las personas de su alrededor (aquellos desconocidos). Su gesto era simple, puro, inocente pero a la vez directo y atrevido. ¿por qué no miramos así los adultos? ¿por qué sólo lo hacemos con el retrato de esa persona en las manos?
    Un abrazo Joseba 😉

  3. Joseba

    Dais pié con lo que decís, Emilio, Toni, a montones de ideas sobre este tema tan importante –creo yo…–.
    Merece la pena seguir con ello demenuzándolo poco a poco con aportaciones.
    Además tenemos tres casas (blogs) para hacerlo del mejor modo que se me ocurre: cada uno en la suya y, a la vez, todos en la de todos.

    Toni ya lanza una buenísima propuesta en su post de Subjectes.

    Leyendo a Lévi-Strauss con perspectiva fotográfica, uno cae irremediablemente en la cuenta de cómo "el chamán", su significado simbólico y antropológico, guarda una estrecha relación con el trabajo, con los resortes que mueven la fotografía de retrato (no solo).

    Si rascamos un poquito en esa pátina falsamente historicista, documental, referencial de la fotografía, enseguida encontramos otros sustratos mucho mas sustanciales en el proceso fotográfico.
    "La magia", esa magia simbólica que mueva tantos y tantos resortes humanos, inunda la fotografía de un modo muy especial. Curiosamente pocos hablan de esto.
    Es, seguramente, ese uso instrumental del medio tan "aplastante" en estos tiempos, lo que oculta otros aspectos fundamentales muy alejados de esos usos.

    Os agradezco a los dos lo que decís…lleno de Sentido y de fotografía.
    Si os parece podremos continuar aquí y allá…y allá. con este tema cojonudo.